IN VICUS | O |
22 ene 2004 . Actualizado a las 06:00 h.UNA DE las imágenes más entrañables de esta ciudad en los días de otoño e invierno en los que, a pesar de las bajas temperaturas, luce un sol radiante, es la de nuestros concurridos parques y jardines. Son tantos y tan numerosos estos lugares de esparcimiento en esta ciudad que resulta difícil centrarse solamente en uno pero, dada la limitación de espacio de esta columna, los lectores disculparán que me refiera únicamente al que está siendo objeto de discusión durante estos días: la Plaza de España. El tramo de acera comprendido entre la calle Manuel Olivié y Fernando Conde goza del mayor espacio, por no decir el único, utilizable para los ciudadanos de a pie en esta Plaza. A pesar de los gases que expulsan constantemente los numerosos coches que pasan y el ruido consiguiente, los días soleados, comparten espacio en los bancos de piedra, personas de edad avanzada y adolescentes con ganas de socializar. Muchos se preguntarán por qué los ancianos y los adolescentes no se acercan al monte del Castro cuando está tan próximo. La respuesta es evidente: los mayores no gozan del estado físico adecuado para subir las empinadas y largas cuestas que conducen al Castro y los más jóvenes no tienen un espacio destinado a ellos ya que, casi todas sus zonas, están dedicadas a los niños pequeños o a los adultos que pasean. Frente a ese único tramo de disfrute, existen en la Plaza de España unos cuantos solares abandonados, llenos de maleza que languidecen a su suerte y que podrían ser utilizados como zonas ajardinadas, con bancos, columpios y quizás, alguna cafetería con terraza. No sé ustedes pero, desde luego, yo prefiero poder ver los hermosos caballos de la Plaza de España desde cada una de las calles que desembocan en ella que, «padecer» torres de viviendas ahogando la plaza por muy peatonal que sea. Son tan escasos los espacios libres y humanizados de esta ciudad que parece mentira que para cuatro pequeños solares que pueden aprovecharse vayan a ganar la partida intereses especuladores sobre los de los ciudadanos. ¡Que vergüenza que, en lugar de aumentar los lugares en los que los ancianos puedan tomar el sol y descansar se aumenten las alturas de los edificios para que sean mayor sus sombras!