Lo normal, revolucionario

La Voz

VIGO

Cuentos Municipales

03 ene 2004 . Actualizado a las 06:00 h.

EDITA el buen Cachamuíña sobre el presente y el futuro del gobierno de La Esperanza Rubia. De entrada está alegre, porque como militar tradicional tira a la derecha. Le hace partícipe de su preocupación a su tatarabuelo Martín Códax, el viejo vate y hoy trabajador en Citroên, que tiene en su corazón una leve mano de pintura de izquierdoso. - Mi querido Martín Códax , mi duda es si esta gente va a durar como la campaña antitabaco, toda la vida en primer plano, o se va a extinguir como una colección de chupa-chups a la puerta de un colegio de golosos. - Esas cosas no dependen solamente de uno, amigo Cachamuíña . Pero el Gobierno de La Esperanza Rubia acaba de plantear una operación que les puede dar todo el oxígeno del mundo. ¡Ay, si son capaces de hacer siquiera medianamente bien la reparación de aceras y pavimentos, la mejora de alumbrados..! Si hacen eso en condiciones, ya se pueden llevar mantas al Concello, porque van a pasar allí muchos inviernos, y mandando. Cachamuíña tiene incluso su eslogan para esa campaña. - Pueden llamarle la revolución de lo normal, o la revolución vulgar... Es una idea -apunta el actual vendedor de decesos de La Fe- que le brindo a El León de Os Valos , el portavoz del gobierno, que va a parecer el mensajero de los Reyes Magos pero con trabajo todo el año, si se cumple siquiera una mínima parte de los compromisos que van a adquirir con Vigo las distintas administraciones gobernadas por el PP. Los dos convienen que si esa revolución del día a día se desarrolla tal como dicen, otro que se va a consagrar será el concejal de Vías y Obras, Manel Catedrales , un hombre con experiencia en la administración autonómica y médico de profesión que estaría dispuesto a aplicar cirugía de hierro a lo cotidiano en este Vigo tan olvidado. - Y además -señala Cachamuíña -, pueden contar de antemano con todo el apoyo y el entusiasmo de la Asociación de Víctimas del Concello... - No sigas, Cachamuíña , que ahí, como paganos, como contribuyentes, debemos estar todos -le ataja Martín Códax. - No, no es esa asociación, la que yo digo es la de los innumerables vigueses que al tropezar con la loseta suelta en una acera se han destrozado la tibia y algunos hasta el peroné. O los que se han partido la frente contra una farola, por la poca luz que da... y así la relación interminable que se puede hacer de ciudadanos lesionados por la desidia municipal. El entusiasmo de ambos a dos amigos y familiares empieza a ser indescriptible, tanto en el que deriva a la derecha como el que deriva a la izquierda. - Pueden tener un éxito desconocido hasta ahora por cualquier gobierno municipal, que suelen dedicarse al relumbrón más que a lo efectivo - apunta Martín Códax -. Lo que a mí, como integrante del rojerío, me daría verdadera rabia... - Pues vete preparando, que como les salga bien la revolución de lo normal -señala Cachamuíña - sólo cabrearían a los ecologistas, porque les iban a hacer monumentos hasta en los alcorques de los árboles.