El regalo de Navidad montó el belén

VIGO

M. MORALEJO

Crónica | El pleno visto desde el patio de butacas Corina Porro recogío el «paquete» del gobierno de Vigo entre aplausos y abucheos; entre gritos de «¡nunca máis, nunca máis!» y aclamaciones de «¡alcaldesa, alcaldesa!»

13 dic 2003 . Actualizado a las 06:00 h.

Parecía que iba a ser una sesión tranquila. Al menos, mucho más tranquila que la que hace quince días acabó con el cese de Pérez Mariño como alcalde. La suerte estaba echada y la investidura de Corina Porro como alcaldesa de Vigo no era ya más una cuestión de trámite. Aunque entre las cenizas del venturismos todavía quedaba algún que otro rescoldo a los que una mujer simbolizó confeccionando un centenar de lazos de color blanco y rojo (la bandera de la ciudad) que repartía a la entrada del pleno a quienes compartían su sentimiento: «Vigo con Ventura, eso es lo que significa este lazo», respondía a quien se interesaba por su causa. Pero la tensión, contenida a las puertas del auditorio del Concello, estalló cuando el alcalde, todavía en funciones, cedió la presidencia del pleno a Miguel Barros. En el intercambio de sillas se montó un gran barullo con gritos de ¡alcalde, alcalde, alcalde! dirigidos a ambos socialistas, pero procedentes de bandos bien distintos: los simpatizantes del BNG se posicionaban por Barros y los del PSdeG, por Pérez Mariño. ¡Cousas veredes!... La mayor escenificación del caos llegó cuando tomó la palabra un Lois Castrillo rabioso. El nacionalista estaba bien arropado por un amplio grupo de seguidores que, con sus aplausos y sus gritos de ¡BNG, BNG, BNG!, casi lograron silenciar los insultos y recriminaciones lanzados desde un sector del patio de butacas al portavoz del bloque: «Vaite xa, vendido», «traidor», «atracador» «mentiroso»...fue de lo más suave que llegó a los oídos de Castrillo. La intervención de la socialista María Xosé Porteiro no aportó nada de calma a la situación. La portavoz del gobierno saliente recibió pitos y recriminaciones por parte del bando nacionalista durante todo su monólogo que concluyó con un guiño a Juan Luis Guerra y su Ojalá que llueva café en el campo, con el que Porteiro deseaba a la alcaldesa entrante que la lluvia de millones prometida por el PP algún día caiga sobre la ciudad. Con la sala ya muy acalorada y los sectores del público perfectamente bien identificados, llegó el discurso del PP que materializó José María Figueroa. «Queremos que hable Nancy superstar», gritaban dos nacionalistas desde el fondo del auditorio, en clara alusión a Corina Porro. Pero la virtual alcaldesa sólo tomó la palabra después de que los nueve compañeros de su partido la proclamaron máxima regidora municipal con sus votos a mano alzada. Antes, Figueroa tuvo que escuchar algún que otro mensaje subliminal desde algún lado de la sala, del estilo: ¡Cómo te vas a poner con Urbanismo, Chema!». Los nacionalistas volvieron al Prestige para boicotear la investidura de la alcaldesa con sus gritos de ¡nunca mais! Tuvo que ser Enrique Vieites el que al final puso orden en sus huestes, que acabaron retirándose. La socialista Carmen Avendaño ocultaba sus ojos enrojecidos bajo unas gafas de sol, mientras un grupo de ciudadanos abandonaba la sala pidiendo la celebración de nuevas elecciones.