Cuentos Municipales
29 nov 2003 . Actualizado a las 06:00 h.OS DOS amigos que son principales armadanzas de estos cuentos tienen envidia del reportero inglés que ha pasado una larga temporada como camarero del palacio de Buckingham. De pronto, la gran ilusión de su vida es emularle en el Concello de Vigo. Martín Códax no dispone de tiempo, porque aún está estudiando qué alcance tiene eso de la flexibilidad de Citroên, no en vano es de lo que vive. Deciden que los recibos de los decesos de La Fe pueden esperar un poco, y el que se dispone a convertirse en espía paraguayo es el que los maneja, el buen Cachamuíña. Este recurre a los oficios de El Destroyer -el ciudadano que torea legalmente a la Corporación en materia urbanística cada dos por tres, y además se lleva siempre las dos orejas-, que le disfraza convenientemente. Así, Cachamuíña termina por colocarse como Jefe de Mobiliario, Ajuar y Mantenimiento del Concello. Su primera experiencia es probar si puede acercarse a los grandes de la casa sin levantar sospechas. Le lleva un chupete nuevo a El Principito Valiente, el regidor independiente, para que se lo de a chupar al ex-alcalde O Compañeiro , porque éste ya tiene gastado el otro chupete que le dejó previamente. Éxito, porque nadie le reconoce. Después provee de sacapuntas a la buana popular, La Esperanza Rubia, que bien le vendrá para sacarle virutas a todo lo que haga El Principito aún en la oposición. La operación resulta bien, como la que hace con el líder nacionalista, al que obsequia un libro para hacer vudú, editado en primoroso gallego, con un capítulo especialmente dedicado a cargarse alcaldes en situación de gobierno minoritario. Tanto Cachamuíña como su tatarabuelo Martín Códax festejan lo bien que les está saliendo la operación y deciden dar un paso más. Sospechan que a los cuatro grandes del Concello les ilusionará contara con una sillón de alcalde para cada uno, que todos sin excepción son personas previsoras, ¡y por lo que pueda pasar! Deciden llevar a cabo la operación, pero previamente el falso Jefe de Mobiliario, Ajuar y Mantenimiento preguntará a cada uno qué sillón prefieren, cuál es, digamos, el sillón de su vida. Aquel que comaprarían si les tocara la primitiva o les dejaran presentar el telediario junto a Urdaci, en la Primera de Televisión Española. Hay un fallo inicial, y es que El Principito Valiente dice que él, en lo tocante a la Consistorial, no cambia ni de sillón edilicio, no sea que a la hora de retirar uno y colocar el otro, alguno vaya, se siente, aposente sus reales, y ni con los bomberos con agua a cincuenta grados sean capaces de sacarle. Es muy suyo y asegura que no aposenta sus reales en cualquier lugar, sea la que sea su situación en el protocolo de la Consistorial. Con O Compañeiro tampoco tiene problema de suministro, porque él no necesita nada para sentarse protocolariamente. «A mí -dice- con que El Principito me siga haciendo un hueco donde él se sienta, incluso en la oposición, estoy conforme -y añade O Compañeiro afectuosamente- . Yo soy de diente fácil». Los otros no quieren sentarse. Están conspirando. Alguno no sabe hacer otra cosa.