Crítica | Concierto de Elefthería Arvanitaki La vocalista griega ofreció una actuación mediocre que, sorprendentemente, fue recibida por el público vigués con generosos aplausos
20 oct 2003 . Actualizado a las 07:00 h.La estrella griega Eleftheria Arvanitaki estrelló su demostrada capacidad para seducir al público con su voz y su presencia escénica, ofreciendo el pasado sábado en Vigo un concierto plúmbeo, carente de ritmo, a pesar de exhibir una voz impecable y estar acompañada de una banda excelente. La artista del Pireo puso el piñón fijo y se dedicó a desgranar uno tras otro los éxitos de su carrera discográfica sin altibajos, sin ponerle pasión, sin que hubiese diferencias emotivas entre una canción y otra. El público, (con toda lógica tal como iba el asunto), aplaudía con educación y sin efusividades entre cada interpretación, pero lo más sorprendente del recital fue cuando al final, (contra toda lógica), medio teatro se puso en pie para ovacionarla con bravos, vivas y demás requiebros apoteósicos. Quien la hubiera visto en el mismo teatro la primera vez que vino, hace dos años, pensaría que no era la misma, porque en aquella ocasión, la cantante derrochó intensidad en inversa proporción a su última decepcionante visita. La primera sorprendida debió ser la propia Eleftheria porque si después de brindar al público un espectáculo tan plano como el citado consigue semejante respuesta, qué criterio puede seguir para valorar si está haciéndolo bien o mal si el propio receptor ni se entera cuando le están dando gato por liebre. Hasta el bis fue previsible. La audiencia demandaba títulos a viva voz y la estrella sólo tuvo que esperar tres peticiones hasta oir la que quería, la que tiene preparada para las despedidas, el tema con el que ha logrado el mayor éxito de su carrera, Dinatá . Me alegro de que los espectadores disfrutasen con su música demostrando, además, que aunque juegue el Celta con el Real Madrid, hay vida después del fútbol y que hay xente pa tó . Después de gastarse treinta euros por la entrada en butaca, lo mínimo que pueden pedir es un buen espectáculo. Y si el respetable dice que lo fue, lo fue. El cliente siempre tiene la razón.