IN VICUS
24 sep 2003 . Actualizado a las 07:00 h.EL PASADO día nueve, a primera hora de la mañana, un avión de Iberia repleto de pasajeros con destino a Vigo se quedó varado como una pequeña ballena blanca en la pista de despegue del aeropuerto de Barajas. Problemas técnicos hicieron que los pasajeros que ya estaban sentados en el aparato tuvieran que salir del mismo y trasladarse a otro provocando un retraso de tres horas. Uno se pregunta si no habría podido evitarse mediante la comprobación del avión antes de hacer embarcar al pasaje. El domingo pasado, el vuelo de las seis menos diez de la tarde no logró despegar hasta pasadas las once de la noche. Un domingo en el que todos los vuelos que salían de Vigo estaban completos porque se clausuraba la World Fishing Exhibition, los sufridos pasajeros se quedaron en tierra sin posibilidad de cambiar su billete. Los perjuicios ocasionados por estas demoras, cuya explicación real siempre se oculta a los usuarios, no se limitan, únicamente, a la incomodidad de estar esperando durante horas sin poder hacer nada, sino que se traducen en una negativa imagen de Vigo. ¿Quién querrá hacer negocios en una ciudad en la que nunca se sabe si se podrá llegar o salir a la hora? Los innumerables retrasos, desvíos y cancelaciones de los vuelos que salen y entran en el aeropuerto de Peinador van mucho más allá de las estadísticas que enmascaran la realidad. Casi siempre se achacan a las malas condiciones meteorológicas pero, lo cierto es llevamos meses esperando que nos expliquen claramente porqué si ya están instalados desde hace tiempo todavía no funcionan los famosos sistemas de aterrizaje y despegue en condiciones de poca visibilidad. Somos muchos los que esperamos con ansiedad la llegada del AVE y no sólo porque nos permitirá viajar rápida y cómodamente, evitando los desplazamientos a los aeropuertos y las consiguientes esperas, sino porque con su competencia quizás Aena e Iberia espabilen y nos ofrezcan un servicio de calidad y a un precio razonable, tal y como Vigo y los vigueses nos merecemos.