La sensación de que el tiempo pasa y todo sigue igual y el incremento de las molestias ha llevado a los vecinos a mejorar su organización para conseguir que la depuradora deje de ser un problema en su vida diaria. Para ello han contratado los servicios de un abogado, que les asesora en los pasos a dar, y la firme decisión de llevar a cabo con medios propios una auditoría sobre su funcionamiento. Un enviado vecinal estuvo hace poco en Madrid para conseguir detalles sobre el funcionamiento de las depuradoras. También esperan que les faciliten los planos de la instalación, que solicitaron hace dos meses al alcalde. Están contentos de la receptividad del actual alcalde y de la concejala de Medio Ambiente («las cosas son muy diferente a lo que ocurría en la etapa anterior», puntualizan) y creen que Aqualia, la concesionaria del servicio del agua y de la gestión de la depuradora, tiene mucho que decir al respecto: «Es muy llamativo que el vertido se produjera el sábado, precisamente un día de lluvia en el que pensaron que podría pasar desapercibido al bajar el río turbio», explican indignados.