Hacerse el tronco

CRISTINA LOSADA

VIGO

ANTÍPODAS | O |

13 sep 2003 . Actualizado a las 07:00 h.

Un vistazo a los diccionarios me confirma que la expresión hacerse el sueco no está relacionada con los oriundos de Suecia, sino que viene del latín soccus, que significa tronco. Pero qué al pelo venía la frase para lo que acaba de suceder allá: un asesino ensangrentado logra salir de un centro comercial sin que nadie le detenga. Los suecos se hicieron los suecos, o sea, los troncos, lo que en la definición del DRAE equivale a «desentenderse de algo». ¿Hubo indiferencia o hubo miedo? No lo sabemos. En todo caso, no conviene que el respeto a los demás se transmute en desentendimiento. Pero si traigo por los pelos la expresión es por otro asunto, menos dramático. Y es por la cantidad de gente que se hace la sueca en estos tiempos y, en particular, la de padres que se desentienden de lo que hacen sus retoños. Como no soy madre, se me suele vetar cuando hablo de este asunto. «Tú no puedes hablar de eso», he oído más de una vez. Según esa lógica, no podría, no podríamos, hablar de casi nada. Como en esta columna no sufro vetos, hablo. Y hablo porque veo a muchas criaturas campando por sus respetos dentro y, especialmente, fuera de casa, en parques, terrazas, calles y demás. Aquí se cuelgan de la rama de un arbolito y amenazan con romperla y romperse la crisma. Allá juegan a la pelota y la lanzan contra algún sufrido transeúnte. Son pequeños ejemplos. Y no los cito por el reciente accidente mortal en la pista de patinaje de Samil, cuyos detalles no conozco. Lo digo porque demasiados padres, me parece, se hacen los suecos ante las aventuras de sus hijos y sólo se enteran cuando es demasiado tarde. Los que no somos padres lo vemos, pero por lo visto, también tenemos que hacernos los troncos. closadafernandez@yahoo.es