IN VICUS | O |
12 sep 2003 . Actualizado a las 07:00 h.EN ESTOS días de canícula, el inesperado incendio de Casa Mar ha animado las fiestas de la ciudad recordándonos la penosa situación del edificio. Destinado a ser derruido para construir el tan necesitado Auditorio de Vigo se mantiene en pie, a duras penas, esperando que «alguien» haga algo sobre su situación. No sólo la falta de diligencia de las diversas administraciones ha provocado el estancamiento del tema facilitando la ocupación ilegal del edificio abandonado. Esta demora se ha visto agravada por las discrepancias políticas locales y regionales. Vigo tiene la mala suerte de que sus representantes políticos prefieren bloquear a sus rivales antes que velar por los intereses de la ciudad. Sólo actúan cuando se produce un incidente y, generalmente, aplican medidas provisionales para apaciguar a la opinión pública pero, sin proveer soluciones eficaces y definitivas. Los criterios para elegir la ubicación del Auditorio de Vigo en el solar de Casa Mar nada tienen que ver con fomentar la vida cultural ofreciendo alternativas de ocio distintas al fútbol o al botellón. Es evidente que no se ha tenido en cuenta que debe tener un fácil acceso y situarse en un área en la que se ofrezcan muchos servicios complementarios. Para llegar a Orillamar, sea cual sea el lugar de partida siempre hay que sortear muchos puntos de tráfico conflictivo. La zona de servicios más cercana se encuentra en la calle Coruña, ubicación muy próxima y cómoda en los días de lluvia cuando sopla el viento. Además, el olor a pescado es tan intenso en esa zona que, cualquier ciudadano que acuda a disfrutar de un evento en esa ubicación, probablemente acabe «agradablemente perfumado» o, en el peor de los casos, mareado. Aún estamos a tiempo de rectificar pero, ¿habrá alguien lo suficientemente sabio para hacerlo?