El lobo feroz

ARMANDO G. FREIRÍA

VIGO

CUARTO OSCURO | O |

11 sep 2003 . Actualizado a las 07:00 h.

UNA HIJA. Nace sin libro de instrucciones y, aún cuando percibas defectos adolescentes, no admite devolución. Inteligente o torpe, la quieres sin más. Depositas en ella lo mejor de ti para que pueda ser una ínfima parte de ella. Ser padre consiste en caminar a su lado para, una tarde, verla alejarse a lo lejos. Algunas, convertidas en modernas caperucitas, no regresan nunca. Y ello porque el lobo acecha. Ya lo dijo Hobbes. El hombre es un lobo para el hombre . En este caso para las niñas que, camino de casa de su abuelita, de regreso de la verbena del pueblo, cruzan un parque, una calle mal iluminada en cuyas sombras acecha, como en el bosque del cuento, alguno de los lobos que entre nosotros habitan. Una vida por vivir aproximándose confiada a la seguridad de su casa. Un zarpazo brutal y toda la eternidad para morir. La luna mira y llora. A este homo lupus actual se le conoce como psicópata. Un lobo con trastorno de la personalidad como génesis de su comportamiento antisocial y criminal. Es un depredador que, en el caso de ser un asesino en serie, están especialmente dotados para oler a sus presas y localizar los «cotos de caza». Son expertos planificadores, fríos y eficaces, con gran habilidad para camuflarse. Les define también una total falta de empatía con el otro. El 80% reinciden. Las corrientes criminológicas opinan que la psicopatía nace de complejas interacciones entre predisposiciones biológicas, psicológicas, sociales y ambientales. Resumiendo: ¡un hijo de puta encantado de conocerse! El reciente asesinato de la joven de Coín y las pruebas de ADN que vinculan el suceso con, al menos, el de Rocío Wanninkhof, hacen prever se esté ante un mismo lobo que actúa sólo o en compañía de otros. Las similares características de los crímenes -víctimas, horarios, lugares, modus operandi del asesino- y aún la coincidencia en la celebración de las fiestas populares me evoca, vaya usted a saber por qué, al municipio de Viana do Bolo. No asesinemos por segunda vez, mediante el olvido, a quien es figura principal, aunque involuntaria, del acto criminal: la víctima.