La Mirilla El presidente de la Xunta asistió ayer a un programa de educación vial
22 jul 2003 . Actualizado a las 07:00 h.Manuel Fraga se bajó del coche oficial a mediodía. Acudía al Instituto Ferial de Vigo para presenciar algunas de las pruebas de los cursos Conducción Segura y Agora Moto promovidos por la Xunta de Galicia. Varios grupos de jóvenes entre 18 y 30 años se enfrentaban a situaciones difíciles de conducción en un circuito cerrado, acompañados de monitores y previo paso por un simulador, que también se animó a probar el Director de la DGT. La pista de coches y la de motos, que ya han visto pasar a más de 12.000 gallegos en las últimas tres ediciones del programa, estarán abiertas a los vigueses hasta el día 29 de julio. La comunidad gallega es la única en España que organiza estos cursos y otras comunidades como Euskadi, Cataluña o Canarias se están planteando seguir el ejemplo. Durante la visita, el Presidente de la Xunta estuvo acompañado por el director de la DGT, Federico Muñoz-Repiso, y por la conselleira de Familia, Xuventude y Voluntariado, Pilar Rojo. Formación «El tema fundamental es la formación» aseguraba ayer Manuel Fraga. «A principios del siglo pasado la máxima velocidad era de 30 kilómetros por hora y cada curva suponía una maniobra, esto era harto educativo pero, ahora, nuestras carreteras están rectas y la gente puede olvidar cuanto ha dormido, bebido o la edad que tiene. Por eso, esta pista de pruebas es muy interesante para controlar las situaciones difíciles» Por su parte, Francisco Muñoz-Repiso aseguró que «La orientación de estos cursos es hacia los jóvenes, no porque los jóvenes tengan más accidentes, sino porque los jóvenes están en mejor predisposición de adquirir buenos hábitos de conducción» Siniestralidad Sin embargo, la mayor incidencia de accidentes se registra entre los jóvenes de 18 a 24 años y, de entre ellos, un 62% son hombres, según un informe de la RACC Automóvil Club. Este mismo trabajo asegura que cada año se registran 60.000 siniestros en España de los que 800 se producen en Galicia, donde mueren 500 personas.