CONTRAPUNTO | O |
09 jul 2003 . Actualizado a las 07:00 h.VUELVE la sombra de la pinza. Es la riqueza y la torpeza de las minorías gobernantes. A Ventura Pérez Mariño le llegó el aviso de sopetón y con acuse de recibo. En el primer asunto de la primera junta de portavoces donde se discutía el primer pleno. La ley no siempre respalda la voluntad, por loable que ésta sea, y la promesa electoral de Pérez Mariño para rebajarse su salario en cuanto empuñase el bastón de mando no pasó el filtro ni de la oposición, ni de sus socios. Juntos, PP y BNG removieron la peana y le demostraron al alcalde que el diámetro del agujero por donde se peneiran las decisiones trascendentes lo marcan quienes sumen al menos catorce votos, por encima de lo que diga un pacto de gobierno. Regresa la pinza y cobra su morfología menos sutil: la de una amenaza. Y llega además prematura, sin concesiones para el diálogo. Habrá quien quiera ver en el diez por ciento de la nónima del señor Ventura la quiebra de todo un programa electoral. Son legión los que siguen fijándose en el dedo cuando el filósofo señala a la luna. Yo prefiero quedarme con el aviso, con el órdago a la chica que el BNG la ha puesto encima de la mesa al PSOE. No es que Ventura quiera ser ajeno a lo escaso de su mayoría, es que se le han refocilado en sus narices recordándole que a los siete votos nacionalistas les sobra capacidad para adaptarse a la virtud física de la oscilación, y reflejos para responder a la llamada de las algaradas. No ha sido un buen comienzo, pero esto es sólo el comienzo.