Un gobierno, un alcalde

VIGO

CAPOTILLO

Análisis | Tensión en la plaza del Rey Las negociaciones entre PSOE y BNG se atascan ante la negativa de los nacionalistas a plantear sus demandas en la reunión diaria instaurada por Ventura Pérez Mariño

26 jun 2003 . Actualizado a las 07:00 h.

Pese a los iniciales destellos de camaradería entre socialistas y nacionalistas en vísperas de la constitución de la corporación se sabía que la puesta en marcha del nuevo gobierno no iba a ser un camino de rosas. O, al menos, que las flores tendrían su correspondiente ración de espinas. Y como se presumía, está ocurriendo. Ventura Pérez Mariño pronunció en su momento, y en riguroso castellano, las palabras impronunciables: gobierno único con dos partidos y un sólo alcalde. El Bloque montó en cólera y tras su apoyo a Pérez Mariño empezó a enseñar los dientes. Hay quien piensa que el grupo nacionalista está un tanto desnortado tras el 25-M. Es posible que así sea pero resulta evidente que se ha impuesto la estrategia de desgaste lento inmediato de la emergente figura de Pérez Mariño. El alcalde madruga, sienta a su mesa a los dos partidos del gobierno, ofrece sentar en determinados foros también a la oposición y convoca a diario a todos los concejales de la mayoría para coordinarse. El BNG no dice que no pero no acude y presenta por registro sus demandas, lo que irrita a Pérez Mariño. La consecuencia es que a día de ayer, tras dos semanas de mandato, los contactos para estructurar el gobierno, decidir el número de liberados y de medios de cada grupo, oposición incluida, están paralizados. Es una cuestión urgente como también la de poner en marcha la nueva Gerencia de Urbanismo, pero los del PSOE, con su en apariencia flemático alcalde, se niegan a dar marcha atrás. Pérez Mariño exige lealtad a los miembros del gobierno y que acudan a las reuniones diarias para contrastar pareceres; que se planteen allí las demandas y se negocie a quince las propuestas de liberados, asesores y la Gerencia. Los nacionalistas prefieren comisiones negociadoras ad hoc , y el PSOE ha optado por plantarse. Si las cosas siguen así varios días el alcalde no tendrá más remedio que convocar el pleno orgánico, al que podría llegarse sin un pacto previo. Una situación que recuerda lo ocurrido en 1999, cuando Príncipe negoció con Corral y ambos impusieron al minoritario Castrillo asuntos sustanciales. Ante este riesgo Pérez Mariño se mantiene firme y el BNG silba mientras aprieta el dogal. Y la oposición, atónita pero esperanzada, sueña con que la ruptura se mantenga.