OPINIÓN | O |
26 may 2003 . Actualizado a las 07:00 h.SÓLO los sinceros pierden las elecciones. El resto siempre gana. El domingo arrasó Ventura y ganaron Castrillo, Soto, Corina y Maite. Oyéndolos, a todos le han sobrado méritos electorales para presidir la futura corporación. Pero sólo el independiente a quien José Blanco encomendó recuperar la alcaldía, para recomponer un partido hecho añicos, presidirá a partir de ahora los plenos. El juez cumplió con creces lo que el PSOE le propuso y, en sólo tres meses, dejó el techo electoral cuatro pisos por encima de lo que su predecesor había logrado en los últimos ocho años. Si es cierto que el Bloque mantuvo los porcentajes del 99, no es menos verdad que esta ciudad le acaba de propinar un tirón de orejas a su alcalde saliente. Puede que haya gustado el fondo, pero le han dicho que «no» a las formas. Si la talla política de Castrillo ya estaba cuestionada antes de estas elecciones; ahora el regidor deberá beberse el caliz de la crítica interna, ese que siempre negó aunque le escociese en la garganta. La paradoja política se multiplica en Galicia, y Vigo no es una excepción. El domingo, lo crean o no, salió reforzado el tándem PSOE-BNG, pero sus cabezas visibles terminaron escaldadas. La ciudad le permite al Bloque seguir gobernando, pero no con ese alcalde. Y el ex-líder vigués del PSOE, Carlos Príncipe, expulsado por rebelde, acaba de ver pasar por delante de sus narices los votos que siempre pretendió y jamás logró paladear (todo un dato para la reflexión). Perdió también el PP y Corina Porro, que contuvo la marea negra en las urnas pero no el soberano enfado de otra militante rebelde: Maite Fernández. Y, pese a su avance, perdió Soto, que se quedará fuera del pacto de izquierdas, ese que él se inventó hace 23 años para Vigo, donde siempre quiso estar, y del que las matemáticas han vuelto a expulsarle.