Otra de las banderas de nacionalistas y socialistas estaba en el control de las concesionarias. La unidad se creó con un funcionario adscrito y ahí sigue. Quizá con él pretendían poner a raya a Seragua, FCC, Vitrasa y compañía. Por contra, no se municipalizó ningún servicio pese a lo prometido (salvo uno relacionado con la recaudación). Al contrario, se renovaron contratos donde ya los había y se multiplicaron considerablemente las externalizaciones y asistencias técnicas (desde la atención telefónica del Concello a la recaudación de multas, pasando por la limpieza de playas o la vigilancia de museos). Castrillo ha podido inaugurar el Marco (que dejó adjudicado el gobierno anterior) y la Casa das Palabras, ambos bajo gestión de Carlos Príncipe, pero el inmueble de Casa Mar sigue cayéndose a cachos y con la financiación para convertirlo en Palacio de Congresos en el aire. Por no hablar del multiusos, que duerme el sueño de los justos. No cabe citar grandes incumplimientos en muchos otros departamentos. Aunque los hay, las cosas por lo general han ido según lo previsto en áreas como Mujer, Deportes, Sanidad, Educación o Benestar Social. La pega más importante es la incapacidad para poner suelo a disposición de la Xunta para la construcción de nuevos centros de salud y colegios.