CONTRAPUNTO
19 may 2003 . Actualizado a las 07:00 h.UNO se queda perplejo la observar la riada de propuestas que se nos viene encima. Desde el AVE a la autovía, pasando por el suelo para nuevos colegios, o las soluciones caseras para problemas que ya creíamos endémicos (léase plaza de América), todo parece tener remedio estos días. Nada hay más eficaz que una campaña electoral para lavarle la cara a un municipio: marea de asfalto en las calles, el arco iris hecho vergel en cuanta jardinera asome a la acera, y un semblante amable (a algunos casi le hizo falta pasar por el quirófano para fijar el gesto) en quienes semanas atrás ni se dignaban a recibir a los que ahora abrazan con emotiva sonrisa. Una candidata firmó ante notario algunas de sus promesas. No es mala cosa. Si fuera delito mentirle al elector, si el ciudadano pudiera ser indemnizado cada vez que le fallan sus autoridades públicas, más de un político se lo pensaría dos veces, y más de un vigués votaría con mayor tranquilidad. Por el momento, la alcaldía sigue en manos de los indecisos.