LA AZOTEA | O |
19 may 2003 . Actualizado a las 07:00 h.CON ESTO de las elecciones, bueno sería echar una ojeadita a la historia para recobrar la verdadera dimensión del valor de la democracia, y no olvidarnos de que este derecho fue peleado hasta la muerte incluso por muchas personas. No hace demasiado tiempo, en esta misma ciudad, por aquello de fijar un espacio conocido por todos, se asesinaba al amanecer sólo por unas ideas políticas. Las personas de cierta edad recordarán, con escalofríos, los siniestros hallazgos de muchas mañana en carreteras, como la de Valladares, Coruxo o Puxeiros, o en playas, como Samil, Canido o Panxón. Eran personas contra las que la justicia nada tenía pendiente pero que unos pocos consideraban peligrosas por su ideología. El terror era tal que ni los familiares de los asesinados se atrevían a reclamar los cadáveres por temor a que también ellos fuesen perseguidos. Fue una situación extrema pero real. Tan real como los nombres de los asesinos y de los asesinados. Después llegó a longa noite de pedra , y la incapacidad de tomar decisiones respecto a la vida común. La luz llegó nuevamente con la aprobación de la Constitución y las primeras elecciones. Los ciudadanos volvían a elegir cuál era su camino. Curiosamente, veinticinco años después, un sentimiento de apatía electoral ataca a un amplio sector de la población. Se esgrime, desde este sector, que votar sirve de bien poco, o que todos los políticos son iguales. La historia está para quien quiera consultarla. Es sencillo, tan sólo hay que abrir los libros y leer. Sirve para recobrar la dimensión de las cosas y ayudarnos a buscar una sociedad mejor y, sobre todo, para evitar recaer en los mismos errores del pasado. Vote a quién quiera, pero vote. Hubo un tiempo en no decidíamos nuestros destinos.