El arte los volvió a reunir

VIGO

CAPOTILLO

El ex conselleiro montó de nuevo en coche oficial gracias a la amabilidad del socialista Príncipe, que decidió nombrarle presidente de honor de la Fundación del pintor

21 feb 2003 . Actualizado a las 06:00 h.

En los primeros años ochenta las carreras políticas del lalinense José Cuíña y el vigués Carlos González Príncipe estaban en sus prolegómenos pero se presumían largas y sustanciosas. El primero empezó como alcalde de su pueblo para dar el salto a la presidencia de la Diputación y de allí a la Xunta, donde esperó infructuosamente (al menos hasta ahora) ocupar el puesto de Manuel Fraga. El del PSOE lo fue casi todo en el Concello vigués, alcalde incluido, pero nunca pudo lograr el cargo por elección popular y el PSOE ha decidido relevarle en la candidatura. Uno y otro son políticos en horas bajas, sin duda hundidos en la sima política más profunda de su respectiva carrera. En esos momentos las palmadas en la espalda se agradecen más que un vaso de agua en el Sahara.Quizás por ello las sonrisas que mutuamente se dedicaban ayer superaban lo convencional en estos casos. Cuíña lleva un mes largo a pan y agua, alejado del coche oficial y sabiendo lo que es ser un simple mortal... si acaso con escaño en el Parlamento. Por eso sin duda le hizo ilusión que Carlos Príncipe, a tres meses de su jubilación como concejal, le propusiera convertirse en presidente de honor de la Fundación Laxeiro, el inolvidable artista de Lalín afincado en Vigo. Ajustado respaldo Cuíña llegó pronto a la calle que desde ahora llevará el nombre del pintor y charló con tiempo con los presentes. Seguro que no le extrañó ver que allí no estaban los máximos responsables del PP, algo que antes no pasaba. Se dieron cita, eso sí, los concejales Pablo Vázquez Caride, Jacinto Lareo, Marisa Outón y Montse Otero, quienes se quejaban de no haber sido invitados de manera expresa. A la misma hora José Manuel Figueroa, portavoz municipal, y Corina Porro, candidata del PP a la alcaldía, se reunían con el nuevo presidente de la confederación empresarial. Con ese encuentro justificaban no tener que recibir al delfín caído, como posiblemente Porro explicará a Cuíña ya que el destino ha juntado los escaños en el Parlamento de la ex conselleira de Benestar Social con el del anterio titular de Política Territorial.El paseo de la persona que aspiró, y quizás sigue aspirando, a sustituir a Fraga fue cómodo pero no exento de sobresaltos. En medio de su discurso un joven que pasaba por la zona y le reconoció le dedicó un sonoro «¡fueraaa!». Poco después otro paseante le golpeó con un todavía más doloroso «¡golfo!». De coche en coche Gajes del oficio para una persona que lleva casi la mitad de su vida sentado en un coche oficial, pese a lo cual un rictus enmarcó su cara al escuchar los improperios. Acabado el acto reiteró que no iba a hacer declaraciones, aunque aceptó implícitamente haberse reunido con Fraga días atrás. Como le ocurre a Príncipe, no quiere hablar del futuro porque sus deseos para las elecciones pueden no ser políticamente correctos y casi con seguridad opuestos a los de su partido. Por eso no le queda otra que corretear por la trastienda, aceptar agasallos como el de ayer y esperar tiempos mejores. Y en esa espera, amistades como la de Príncipe valen su peso en oro y permiten ocupar el tiempo de una persona hasta ayer sometida a un constante ir y venir. Prueba de que ya no es así la dio Cuíña al leer su discurso, algo que no acostumbraba a hacer, precisando que lo había redactado en persona la noche anterior.