Cada año un centenar de gallegos y sus familias reciben un mazazo: no volverán a andar. Otros, 30 de cada cien mil, sufren daños cerebrales. Son las secuelas de los accidentes de tráfico. En la provincia de Pontevedra se producen al año más de dos mil víctimas de las imprudencias y los excesos con los vehículos. En Galicia unas 38.000 personas se han quedado minusválidas por un accidente de tráfico. En el 80% de los casos de lesiones cerebrales el origen es un accidente de tráfico. En el resto de las ocasiones la causa está en una patología cerebro vascular o en secuelas de tumores cerebrales.. Después de un atropello o un choque, la principal preocupación de los facultativos y de la familia es que la víctima salve su vida. Superadas las primeras dificultades de ese primer proceso, se inicia otro no menos complicado. Es frecuente que el paciente sufra afectaciones cerebrales que pueden cambiar su vida. Aquí es donde hay una gran tarea que realizar y a ella se dedican diversas organizaciones y colectivos con un apoyo de las autoridades que no siempre resulta suficiente. Los afectados Alento, la Asociación de Personas Afectadas por Lesión Cerebral Adquirida, echa en falta la asistencia integral de los afectados, la carencia de programas de reintegración y el escaso grado de información que tienen los familiares en la nueva etapa que les espera. Según las estimaciones, el 80% de los traumatismos presentan secuelas leves y sólo el 10% se diagnostican como graves. En España se producen 10.000 casos graves al año. De estas diez mil personas, dos mil necesitan asistencia intensiva por la pérdida de autonomía por el surgimiento de graves limitaciones motrices e intelectuales. En España viven entre 50.000 y 75.000 personas con lesiones graves en el cerebro y entre 2.000 y 2.500 permanecen en estado vegetativo. Las consecuencias de los ac cidentes de tráfico han sido definidas como la «gran pandemia de nuestro tiempo», que para mayor desgracia suele producirse en personas jóvene con altas expectitivas de vida a las que les quedan secuelas para siempre, que producen unos altos costes afectivos, económicos y de vidas humanas. Además se tienen que enfrentar con una ciudad como Vigo, donde el caótico tráfico se ha convertido en uno de los principales problemas, reiterado en todas las encuestas ciudadanas.