Los 500 tripulantes que viven en la nave de la Armada pasarán las fiestas amarrados al puerto de Vigo, pero podrán disfrutar de la presencia de sus familias los días señalados
21 dic 2002 . Actualizado a las 06:00 h.«Si nos llevan a nosotros a Gran Hermano , ganamos seguro; pasamos aquí la mayor parte del año y no pasa nada, algún día lo tienes malo, pero nada más», explica José María (oficial del buque Galicia ) cuando baja la guardia y decide dar palique al periodista. Ante el intento de comprar un jersey al responsable de la cantina, el marinero espeta: «La ropa no se vende y no sale de aquí, porque lleva símbolos de España y no la pueden llevar civiles». Cañonazo al cerebro. Y lo dice mientras el comandante de la nave sube al puente para ordenar la maniobra de desatraque en el muelle de Trasatlánticos de Vigo. Hay al menos 20 personas en la zona de mando y un silencio sepulcral. Marcialmente y con instrucciones técnicas, el comandante consigue dominar el barco, de 160 metros de eslora y 25 de manga. Ya en el comedor, la pregunta es obvia: «Esto qué es». La marinera se encoge de hombros a la vez que suelta el cucharón sobre la bandeja de comida, choff. Cañonazo al estómago. Al terminar el menú, vemos que una pareja de infantes atiende una trituradora de comida del tamaño de Los Picapiedra. Si se cuela alguien por allí, quedaría reducido al tamaño de una croqueta, eso sí con la bandera española incrustada en un lateral. La máquina de café cuesta 0,30 céntimos de euros y vemos por primera vez en nuestra vida la elección de capuccino descafeinado con sacarina. La respuesta a qué era lo que servían en el comedor: Pescado, concretamente pez espada. El oficial José María, ya nuestro amigo a bordo, comenta amargamente que este año pasarán las fiestas en Vigo, en el puerto. La Armada está organizando las visitas de sus familiares. «Este año comeremos turrón de chapapote»; lo repite y le da el tonillo del anuncio, para endulzar algo su afirmación. Cañonazo al corazón. En la Cámara de Oficiales, tomamos café con telediario. El parte de guerra contra ETA ensombrece la labor que estos 500 mujeres y hombres están desarrollando en las islas Cíes, limpiando y ayudando a la sociedad civil en su pelea contra el maldito fuel. Como ya trabamos amistad, José María encarga al periodista que haga la lista de trajes y calzado para la prensa. Aquí cada uno hace una cosa distinta y hace lo que le mandan. Los periodistas sobre todo. Cañonazo al orgullo. Habla Almudena Ariza. Todos callan. Es como la Virgen enana dando el parte de guerra, en el que no hay bajas. Cada brazo luchando contra el fuel está movido por todos. De nuevo, el silencio es sepulcral. La Armada nos llama a subirnos en las lanchas de desembarco, esas que la película Salvad al soldado Ryan hizo archifamosas. Eso sí, por juguetes grandes y caros que no falte, porque hay de todo, al menos en el Galicia , un buque de asalto anfibio, que tiene la característica de lastrarse y bajar su línea de flotación casi un metro, para que sus barcazas, ordenadas en el interior, floten y puedan salir por la popa de la nave. Al regresar a Vigo, el buque se desplaza lentamente. En la noche negra, (seguramente negra por ser noche de diciembre, de invierno y de chapapote) una masa de acero gris debe ser un blanco fácil contra el que estrellarse. Avanza parsimoniosamente. A cuatro nudos y bajando. El práctico sale al encuentro.. Empieza el baile de instrucciones técnicas a las hélices y a la pala del timón. El buque cae a babor, pero la hélice transversal lo mete en el muelle: sólo falta el empujón final de uno de los remolcadores.