Llanto en las islas de los dioses

Diego Pérez Fernández
Diego Pérez VIGO / LA VOZ

VIGO

Pequeñas manchas de fuel se esparcen por todo el archipiélago, las autoridades no existen y los voluntarios escapan para ir de excursión a la maldita playa de Cantareira

13 dic 2002 . Actualizado a las 06:00 h.

Ptolomeo las bautizó como «insulae deorum», las islas de los dioses. Y lo eran hasta hace tan sólo diez días. Desde entonces, lo que algunos llaman oro negro las ha convertido en «insulae chapapotum», las islas de la mierda.

Hoy es viernes. Llueve en las Cíes. Y nuestras lágrimas se confunden con esa lluvia, como si fuésemos replicantes en una escena de ciencia ficción. Pequeñas manchas se esparcen por todo el archipiélago. Están en San Martiño, Rodas, Figueiras, Muxieiro, Punta do Cabalo...

Pronto descubrimos que la sociedad civil sigue al frente de la crisis. Mientras los voluntarios se afanan en recoger las galletas de fuel, los militares pasean a periodistas en helicópteros y lanchas. Buscamos pero no encontramos a ninguna autoridad de la Xunta, a ninguna del Gobierno. Es cierto que hay algunos infantes de Marina sacando capachos en la playa de Cantareira, pero también vemos a decenas de nietos e hijos de marineros que no paran de acordarse del PP y a chavales de escuelas-taller. Incluso encontramos a un grupo de quince mariscadoras de O Morrazo cuya media de edad debe rondar los 45 años.

Luego están los mandos militares, estudiando las olas (como lo leen) para meter una lancha de desembarco en la playa de Los Alemanes y recoger los sacos con el combustible que han recogido otros.

Escándalo El único representante de la Administración en Cíes es Amador Fernández, concejal de Medio Ambiente del Concello de Vigo. Nada más llegar a la isla, un cabo se acerca y le suelta: «Nos hacen falta sacos». Tal cual. Ya ha transcurrido un mes y un día desde que estalló la marea negra. Si no fuese indignante, sería surrealista.

Más. John Johnson es un ciudadano liberiano con permiso de residencia que lleva varios días arrimando el hombro y llamando la atención por el color de su piel. Nos cuenta que no tiene trabajo, que vive de okupa y que a ver si alguien le puede dar algo de comida y jabón para llevarse cuando acabe la jornada.

Mientras un responsable de la empresa Tragsa busca a trabajadores pagados que al parecer no aparecen, vemos a los alumnos del Colegio Vigo currándoselo en Rodas, a tres japoneses que se han venido con los voluntarios de Cangas, a ocho guardas forestales que no paran de socorrer a los técnicos de Parques Nacionales... Las barreras de poliespán que hay para salvar el Lago dos Nenos las han puesto biólogos de la Universidad. ¿Saben quién da los bocadillos, refrescos, frutas y café que se comen estos días en Cíes? Pues empresas viguesas y morracenses. Si esto no es un escándalo, que venga Aznar y lo vea.

La sensación generalizada es que si viene el fuel, la escabechina en esta reserva natural y turística va a ser tremenda. Que la situación de Cantareira se extiendae al conjunto de las Cíes depende únicamente del dios Eolo, al que seguimos encomendados. Estamos en una situación de emergencia y el impacto humano ya se nota incluso en el interior de las islas. El desorden es tan evidente como la buena voluntad: Protección Civil por encima de las dunas, los de Foresga vallando una plantación para que nadie se cargue más carballos, contenedores rebosantes después de varios días. Tampoco contribuyen los voluntarios que se cansan de coger galletas en Figueiras o Rodas y se escapan al norte, a donde es más visible la marea negra.

Ya se sabe, a veces el querer puede más que el poder. La gente da ideas. El Concello ha dejado en manos de profesores universitarios el producto milagroso que trajo un brasileño para limpiar las rocas, a fin de analizarlo. Carlos Filgueiras, de la Asociación de Jóvenes Empresarios, algo cansado después de «un trabajo de espeleólogos», propone cubrir las playas y las rocas con plásticos. Citroën podría reciclar las ropas de aguas cubiertas de fuel que se desechan al cabo del día.

Serafín Pero el personaje del día ha sido Serafín. Nació en las islas Cíes en 1929. Es nieto, hijo y marido de nativos. Ahora ya sólo acude en verano para abrir su bar. Tras un breve saludo, es evidente que no está para charlas. Nadie mejor que él para hablar del infierno que vive el paraíso. Con los ojos humedecidos, sólo acierta a decir: «Isto é unha auténtica ruína». Quiere ver si las cosas están en su sitio. Se va, vuelve a tierra. Serafín Sotelo Herbello. Hubo un tiempo en que criaste ganado en Faro y pescaste en el Lago dos Nenos. No te molestamos más. Está pasando. Y puede que mañana más intensamente.