Las Cíes se tiñen de luto

J. Santos / M. Groba A. Saborido VIGO

VIGO

El esfuerzo de cientos de marineros y voluntarios no evitó que las manchas de fuel llegasen ayer al archipiélago

04 dic 2002 . Actualizado a las 06:00 h.

El punto que más esfuerzos concentró fue la bocana norte de Cíes. Cuatrocientos hombres, embadurnados de petroleo hasta el alma, trabajaron desde el amanecer hasta la puesta de sol a un puñado de metros de las rocas, frente al observatorio ornitológico situado más al norte de las islas. Plásticos, capachos, palas, ganapanes, cubos e incluso las propias manos servían para recoger el fuel apestoso y depositarlo en las pequeñas planeadoras. La mayoría ni siquiera disponían de mascarillas. Media docena de balandros de grandes dimensiones sirvieron como barcos nodriza, recogiendo en grandes contenedores el fuel que les traían los botes. Algunos incluso utilizaban las grúas de levantar las cuerdas de las bateas para recoger directamente el chapapote del agua. Los marineros de la ría realizaron «un sacrificio total», en palabras de responsables de la cofradía de Cangas, para evitar la entrada del chapapote en la Ría de Vigo. Balandros del mejillón, planeadoras y demás embarcaciones de bajura trabajaron codo con codo recogiendo fuel desde Punta do Cabalo hasta las Agoeiras. A última hora de la tarde, dentro ya de la ría, trataban de meter en sus barcos el vertido cuando ya casi tocaba las piedras de la isla sur de Cíes. «Había que metelo en camións e botarllo por enriba ós da Xunta», decía el patrón de uno de los balandros. Un pesquero largaba por popa una red para evitar que el fuel acabase masivamente en la costa de las islas. A las cinco de la tarde, el viento del norte y la corriente llevaban un enjambre de manchas dispersas en dirección a Baiona. Pese a todos los esfuerzos, algunas se estrellaron contra los acantilados exteriores de la isla norte y contra los interiores de la sur. Mientras los hombres intentaban salvar el pan de sus hijos, un perolo o pato de mar sentenciado a muerte intentaba en vano sacudirse el fuel que le impedía remontar el vuelo.