Los bares nocturnos que albergaron en los ochenta la explosión cultural de la juventud viguesa tuvieron destinos tan diversos como un almacén o un aparcamiento
30 nov 2002 . Actualizado a las 06:00 h.En el anexo del Marco, se puede observar estos días diversa documentación sobre el ambiente cultural que se vivía en Vigo durante la década de los años ochenta de la pasada centuria. Fueron años en los que la ciudad vivió una eclosión de cultura juvenil sin precedentes. Ya en la segunda mitad de la década de los setenta, comenzaron a surgir numerosos locales nocturnos donde la juventud se relacionaba y accedía a aspectos tan básicos como la música que estaba de moda en el resto del mundo. De esta época datan locales como Linterna Roja, una discoteca rockera ubicada en Canido, el Groucho, pub emblemático de la calle Teófilo Llorente, La Fuente, bar playero que ya ofrecía buena música a primeras horas de la tarde, o el Satchmo, reducto jazzistíco que posteriormente acogió las primeras actuaciones de Siniestro Total y otras bandas locales. De esta primera promoción, no se ha salvado ningún bar, aunque en el lugar del Satchmo ahora se encuentra un local llamado Vagalume. En donde se levantó el Groucho, ahora hay un supermercado, mientras que La Fuente es hoy en día una parada de Vitrasa, frente a la playa de Os Olmos. Las mecas de la noche La década de los años ochenta supuso la gran explosión de la vida nocturna viguesa. Poco a poco, en la ciudad fueron surgiendo bares interesantes, cuyo rebufo atraía a más bares hasta convertirse en zonas de copeteo . Lo nunca visto en esta ciudad. Las mecas de la «movida» se llamaron Kremlin, Ruralex, El Manco, Propaganda, el Cerne, Sitio Distinto, entre muchos otros. El destino fue cruel con algunos de ellos. El Kremlin fue el primer espacio que se abrió para acoger actuaciones (el cine Salesianos era la opción anterior), con la comodidad que suponía haber albergado con anterioridad el cine de Coruxo. Casi todos los grandes nombres del pop y rock español, y los primeros músicos internacionales que aparecieron por Vigo, pudieron ser vistos y oídos en su amplio interior. Su poder de convocatoria fue su perdición, ya que los vecinos de la zona se hartaron de la afluencia de fin de semana y presionaron hasta lograr su cierre. Ahora, alberga un almacén de embarcaciones. Otro local que sufrió un destino inmerecido fue el Propaganda. Se situaba en la plaza de Compostela y ofrecía una versión minimalista en un espacio no demasiado grande. Hoy en día resulta difícil identificar el lugar exacto donde en los ochenta sonaban el mejor techno del momento. Y qué decir de La Kama. Aprovechó el espacio dejado por Fausto, en Tomás A. Alonso, para abrir su pequeño escenario al rock en directo. Ya lo decía Siniestro, camino de La Kama es el mejor camino...Hoy, alberga un salsódromo para la tercera edad.