RAPACES
29 oct 2002 . Actualizado a las 06:00 h.IGNACIO, JUGADOR residente en nuestra Área Metropolitana, envía una respuesta breve, clara, dura, a mi "Cerdo Ludópata", publicado en esta columna días atrás. Quede constancia. «Cuando el juego me controló a mí, y no al revés, caí en un laberinto del que es imposible salir por uno mismo. La soledad por única compañera. Perdí amigos, padres, esposa, hijos, dignidad, dinero..., montones de dinero. Me maldije, insulté, deseé mi muerte. No se tiene información, es muy difícil encontrar apoyo. La desesperación se te clava en los ojos. Muchos ludópatas se suicidaron, algunos se llevaron a su familia. ¿A quién le importa su muerte? Es un negocio; los jugadores ingresamos millones de euros a Hacienda y empresas del juego. Qué le importan a la Administración tantas familias arruinadas por el juego si ella recauda de nuestra desgracia. Nosotros no contamos, sólo el lucro, ¿me entiende usted?» «¿Porqué me insulta? Sepa que ludopatía es una enfermedad, no vicio. ¿Cogería usted el vicio de cáncer de pulmón si fuma, el vicio de la cirrosis si bebe? Qué va, hombre; qué me va a entender usted.» Ignacio, jugador en rehabilitación. Javier Fernández-Montalvo, profesor de psicopatología, dice que «la ludopatía es una adicción sin drogas. Que parece deberse al afrontamiento inadecuado de problemas cotidianos, a un aprendizaje social desde la infancia. Que la Organización Mundial de la Salud la incluye dentro de los trastornos mentales o del comportamiento». Ignacio da respuestas sentidas, sólo palabras que no mejoran la situación. ¿Cómo informar de ludopatía a la sociedad? Falta el testimonio de ludópatas en las calles, creo yo, Ignacio. josemveiga@terra.es