LA GOTERA
14 oct 2002 . Actualizado a las 07:00 h.CONFIESO QUE en mis años mozos hice pintadas. Corrían aquellos tiempos en los que la frase La imaginación al poder era mucho más que una frase. Las nuestras eran pintadas con contenido, frases que pedían libertad, clamaban contra la dictadura, exigían el derecho a la huelga, el retorno de los partidos políticos... Eran proclamas que dejábamos sobre las paredes porque no teníamos donde levantar la voz. Eran otros tiempos, afortunadamente ya en los anales de la Historia. La Historia con mayúscula. Ayer he pasado junto a una pared en la que leí: La violencia es diversión. Y quedé espantado por dos razones. Una, porque era la única frase legible y tenía un contenido terrible. Otra, porque el resto de los garabatos no eran más que signos absurdos, firmas o nombre de personas que nunca perderán su anonimato ni aún llenando toda la ciudad con ellos. Me cuesta entender qué se persigue con estas pintadas. No les veo otra razón que manchar las paredes por el mero placer de hacerlo, por ejercer la violencia contra la limpieza y el buen gusto. No veo qué tipo de mensaje se persigue emitir, qué estética preconizan. Y me resulta casi inadmisible que pululen por ahí indivíduos dejando su sello, y el dinero que les cuesta la pintura, de un modo impune sobre propiedades ajenas. Fachadas recién pintadas o puertas recién estrenadas, como es el caso del MARCO, ya tienen la marca de estos desaprensivos antisociales. ¿No hay modo de combatirlos? ¿De hacer que paguen lo que nos cuesta a los ciudadanos borrar sus ocurrencias? Ocurrencias vacías de contenido. Quizás un símbolo claro de la falta de conciencia social que pinta hoy en la calle.