Insomnio

SONIA MIRÓN smiron@telefonica.net

VIGO

LA ENREDADERA

05 oct 2002 . Actualizado a las 07:00 h.

DESDE QUE me he enterado de que el aeropuerto revisará el cien por cien de los equipajes antes de finalizar este año estoy que no duermo. Con eso de que hasta ahora elegían al azar los bolsos y equipajes que debían pasar por el escáner, a mi, qué quieren que les diga, nunca me tocaba. Yo nunca estuve entre ese treinta por ciento de afortunados y afortunadas atrapadas por la mano de la ley. Y no creo que fuese por mi cara de inocente sino que, en cuestión de suerte, por tocar no me tocan ni los cromos del Bollicao. Y es que era duro para la autoestima llegar al guardia civil de turno dispuesta a abrir lo que fuese necesario para que metiese mano (en el buen sentido de la palabra) a su libre albedrío y lo único que recibiese del susodicho fuese un desinteresado "pase". La verdad, siempre pensé que para funcionar a medias mejor no funcionar. Quién les dice a ellos que yo no podría llevar pegados en la chepa dos kilos de dinamita o media docena de horquillas asesinas en la suela de los zapatos. Pero Peinador siempre se ha caracterizado por ese ser y no ser, por querer y no poder. De ahí que en una ciudad como Vigo, que durante el invierno sufre más nieblas que una cámara frigorífica, no tuviese todavía un sistema de luces adecuadas para aterrizar si se daba tal desaguisado meteorológico. Se ve que el personal, cansado de tantas vueltas aéreas de regalo cada vez que la bruma se divisaba allá abajo, ha puesto el grito en el cielo (nunca mejor dicho) y el asunto, dicen, antes de fin de año también estará solucionado. Nunca es tarde si la dicha es buena. Feliz Navidad.