El periodista Francisco «Cuco» Cerecedo recibe el homenaje póstumo de su ciudad natal, coincidiendo con el veinticinco aniversario de su fallecimiento
03 sep 2002 . Actualizado a las 07:00 h.La cara profesional Francisco «Cuco» Cerecedo pertenece a la generación que tuvo que lidiar entre la ausencias de libertades, producto de la dictadura franquista, y el inicio del camino democrático de mediados de la década de los setenta. Profesionalmente, abrió al periodismo español la lucha legítima de muchos pueblos del mundo olvidados hasta entonces. La placa inaugurada ayer, en el número 14 de la calle Progreso, resume perfectamente esa faceta: «Especializado no Terceiro Mundo e Iberoamérica e defensor dos máis desprotexidos» El recuerdo La colocación de la placa en la casa natal del periodista, es el punto de inicio de un amplio programa de actividades relacionadas con la vida de Cerecedo. El acto sirvió para que una representación de la generación periodística, a la que perteneció el homenajeado, se reuniese. Carmen Parada, Gerardo González, Xosé María Palmeiro, Antonio Ojea, Gustavo Luca de Tena, Francisco de Pablos, entre otros, tienen mucho que ver en la organización de este homenaje. La Casa Galega da Cultura acoge desde ayer una exposición centrada en su vida. A partir del miércoles 25, dará comienzo un ciclo de conferencias en el que participarán Miguel Ángel Aguilar, Hani Fydi y José Oneto. Las palabras Quienes intervinieron en el acto de ayer resaltaron algunas facetas de la personalidad del periodista fallecido en 1977. «Apuesta vital de tintes literarios», dijo de él Fernando Franco; «Comprometido con los desheredados», añadió Roberto Cerecedo, hermano del periodista; «Era inteligente y tierno», reconoció Carmen Parada; y Carlos Príncipe le agradeció, junto al resto de los periodistas de su generación, su decidido papel en la conquista de las libertades actuales. La poesía Pero, la palabra pertenece a Carlos Oroza. El poeta es capaz de embellecer un recuerdo con el ritmo de su voz. Es capaz de asociar la palabra de «Cuco» Cerecedo con un deseo inquietante de profunda lejanía. Y todo, sin dejar de esbozar una sonrisa cómplice, y no perder la firmeza de los sonidos de cada sílaba que pronuncia.