El caballo de hierro se acerca a Oporto y Vigo. Y en el vagón restaurante, cocineros de ambos reinos prometen un banquete de aúpa. Con el cha-cha-chá se abrirá una nueva etapa, en la que el crecimiento económico compartirá mantel con la calidad de vida. Prometen tiempos de alegría, lloverá vino de Oporto y nevará marisco gallego. Una gran oportunidad, si hacemos los deberes. Por ahora, Vigo acumula tareas pendientes. Así, mientras las Rías Baixas celebran la llegada a Peinador del ILS y discuten la ampliación del puerto, la Ciudad Invicta construye uno de los cinco grandes aeropuertos ibéricos y convierte su puerto en el más grande del país. Es la diferencia entre ser segunda capital de un Estado o ciudad arrinconada en la periferia. Sólo queda confiar en que al cocinero español no se le pase el arroz. De lo contrario, el caballo de hierro pasará de largo para pastar en praderas mejor cuidadas, llevándose con él el marisco que cayó del cielo.