El motor económico de Galicia ha recibido más de cinco mil inmigrantes desde el 2000, sin contar el resto de la comarca Vigo se ha convertido en la «Barcelona Atlántica», el sueño de los viejos galeguistas. Sus casi 300.000 habitantes le confieren las características de anonimato, inhumanidad y caos que caracterizan a las urbes contemporáneas. Este fenómeno también contribuye a que por las calles de esta ciudad caminen cada vez más extranjeros. Algunos como turistas ociosos y otros trabajando, o buscando un empleo que les permita establecerse aquí. Casi 7.000 figuran en el censo del Ayuntamiento. Sólo en los últimos dos años han llegado aproximadamente 5.000 inmigrantes. Y eso, sin contar el resto de los municipios de la comarca.
20 jul 2002 . Actualizado a las 07:00 h.De un total de 293.000 vigueses censados, casi 7.000 tienen nacionalidad extranjera. La mayor parte provienen de América Latina, de países tropicales como Colombia, Perú, Cuba o Brasil. Pero también han llegado desde estados que tradicionalmente han acogido población excedentaria que salía de una Galicia pobre, superpoblada y reducida a una economía de subsistencia por su situación en la periferia de Europa. Dentro de éstos, destacan los llegados de Argentina, Uruguay y Venezuela. Muchos europeos también se han trasladado a Vigo por motivos de tipo laboral. Además de los 1.300 emigrantes portugueses -cuyos vínculos son obvios por la proximidad y los lazos históricos y culturales con Galicia- hay 157 franceses (¿relacionados con Citroën?), 139 italianos y 127 alemanes. Comunitarios Como se puede apreciar, la mayoría vienen de países de la Unión Europea. Sin embargo, es curioso el reducido número de emigrantes de Asia-Oceanía. Hay poco más de cien chinos, y no llegan a diez los ciudadanos de India y Pakistán, países que tradicionalmente exportan mano de obra. La población de origen africano no es demasiado numerosa, pero sí llamativa por haber constituido una colonia tradicionalmente estable y porque se han integrado bastante bien en la ciudad, manteniendo también sus propias costumbres. Los subsaharianos, que vienen sobre todo de Senegal, Nigeria y Ghana han montado una pequeña infraestructura de locutorios telefónicos, y comparten entre ellos lugares de trabajo -suelen ser vendedores ambulantes- y viviendas. Norteafricanos También hay trabajadores de los países de Marruecos y Argelia, que están en una situación parecida a los mencionados anteriormente. La cara oscura (y no es una broma fácil) de su situación se encuentra por ejemplo en los problemas para encontrar piso, debido a los prejuicios racistas que siguen teniendo algunos propietarios.