Por muy loable que sea el recuerdo a nuestras raíces históricas, los pueblos no pueden quedar anclados en las usanzas del medievo. En Tomiño parece que aún sigue cabalgando Pedro Madruga, dueño y señor de la villa y de todo lo que habita en ella, pasando por alto no sólo las reglas de convivencia cívica, sino hasta las leyes. En las sesiones plenarias del Concello de Tomiño, el feudal señor campea por sus anchas. Ni siquiera los concejales de la oposición pueden expresar su opinión, cuando les toca su turno, porque el regidor tiene por costumbre interrumpirlos a cada instante con burdos comentarios, que él aparentemente encuentra graciosos, con afirmaciones no siempre coherentes y hasta con intromisiones en la vida privada de estos representantes de la oposición. El Concello de Tomiño ha sido calificado en repetidas ocasiones por la institución del Valedor do Pobo como uno de los que menos respetan las reglas del sistema democrático. Lejos de lo que se debería de esperar de un mandatario presentado por un partido que se llama «porpular», el desprecio a las personas no allegadas a su feudo es general. Así llevan los directivos de una asociación de vecinos legalmente establecida, meses sin conseguir la gracia de ser recibidos por el presidente del Concello. A los más entusiastas del partido del Gobierno les tiene que repulsar. Pilar Ramírez Sánchez. Tomiño.