La presencia femenina empieza a ser habitual en el sector extractivo, hasta ahora prácticamente reservado a los hombres Romper barreras mentales y prejuicios. Eso es lo que busca el apoyo que la Xunta dice estar dispuesta a ofrecer para lograr la plena incorporación femenina al sector de la pesca extractiva. Se trata de multiplicar el ejemplo de docenas de mujeres que, saltándose tradiciones trasnochadas, empiezan a irrumpir con fuerza en trabajos hasta ahora reservados a los hombres. «Y los resolvemos con la misma eficacia», afirma Carmen Álvarez, una joven que se zambulle cada día en aguas de la ría para capturar erizos. Otras, como Leonor Dorna o Rocío Martinez han optado por el percebe, en tanto pioneras en el mundo de la investigación como Nélida Pérez, conocen las duras condiciones de la vida a bordo en pequeños pesqueros. También está abierta la nómina de armadoras y comercializadoras. Las malas condiciones de habitabilidad de los barcos de bajura están frenando el enrole de mujeres.
06 abr 2002 . Actualizado a las 07:00 h.La Consellería de Pesca dice estar dispuesta a diseñar medidas «viables» de discriminación positiva que permitan la plena incorporación de la mujer en el sector extractivo. Con el fin de materializar tal compromiso está previsto firmar un convenio con la Consellería de Familia. Se trata, argumentan, de superar viejos esquemas pero, sobre todo, viejos prejuicios que reservaban este oficio a los hombres. Dadas las características sociales de la pesca de bajura se considera idónea para iniciar la experiencia, dado que se trata de una flota que faena a menos distancia. En un reciente encuentro celebrado en Santiago, en el que participaron cerca de un centenar de empresarias y trabajadoras del mundo del mar, quedó claro que si la mujer apenas se enrola no es es por falta de preparación, antes al contrario «puede aportar interesantes mejoras a los métodos de trabajo a bordo». Los frenos vienen determinados fundamentalmente por la dificultad de compatibilizar el trabajo con las responsabilidades familiares y la falta de acondicionamiento de los barcos para permitir la convivencia de hombres y mujeres. También sigue pesando la educación, que discrimina desde la infancia.