UN AVE EN EL AIRE

La Voz

VIGO

MIGUEL Á. RODRÍGUEZ PATIO DE BUTACAS

06 abr 2002 . Actualizado a las 07:00 h.

El generalizado alborozo de la corrala viguesa por el asunto éste del AVE bien merece una pausada reflexión. Porque si cierto es que la solución final sigue bastante opaca, no menos engorroso parece el camino seguido para llegar a tamaño consenso. Uno, profano de mí, pierde la noción de la realidad cuando asciende a los procelosos vericuetos de la estrategia política, pero bien pareciera que alguno más ha cambiado los papeles en esta función. Porque a este ciudadano le hubiera gustado verse representado por su alcalde ante ministros y presidentes autonómicos. Y no por ello dejaré de aplaudir la disposición del trípode empresarial, erigido en triunvirato vigués a falta de mejores gobernantes. Si esta urbe precisa explicaciones del titular de la Xunta gallega o del acarterado Álvarez Cascos, mejor que sea el representante democrático de todos los ciudadanos, respaldado por el Consejo Económico y Social y por el pleno municipal, quien dé la cara. Pero aquí, mientras el trípode se movía en las alturas gubernamentales, Castrillo optó por recabar el imprescindible apoyo de Chicho, alcalde baionés de reputada valía negociadora, o de Xaime Rey, irrefutable estratega en materia misiones imposibles. También el regidor olívico se reunió con los diputados Guillermo Hernández, Dolores Villarino o Paco Trigo, todos ellos poseedores de reconocida mano izquierda con el propio Fraga o el jefazo estatal de las Obras Públicas. Me pregunto qué hubiera perdido nuestro alcalde solicitando entrevistas personales con el presidente de la Xunta o el ministro Álvarez Cascos. Porque si las hubiera habido y el resultado fuera el mismo, Vigo, y su alcalde, se hubieran apuntado el tanto. Y de haber recibido esquinazo las dichosas visitas ya no cabría duda sobre quién amigo y quién enemigo de esta gran ciudad. Entonces -y sólo entonces- entenderíamos hasta las manifestaciones con las que algunos se llenaron la boca desde el primer día... Pero no fue tal. Y entanto el regidor local se preocupó de esquivar cualquier acusación de «localismo», y así lo hizo constar en su reuniones con Chicho o Villarino, su co-regidor Príncipe peregrinó a Portugal recabando otros no menos importantes apoyos a la causa viguesa entre el ex-ministro y ex-mandatario del PS y ex-alcalde Fernando Gomes, o el regidor de Braga. Repito mi sentido aplauso a la tripoidea iniciativa empresarial. Y mis suspicacias sobre los acuerdos políticos no plasmados en tinta ni papel y sin planos de por medio. Hubiera preferido que fuese el gobierno xuntero (que también es el mío) quien capitalizase el debate sobre el AVE de todos los gallegos, o sobre la mejora de los aeropuertos de todos los gallegos, pero también aquí respondieron a los alaridos de las ciudades en lugar de anticiparse a sus llantos. Por eso no me fío del AVE y reservo mi aplauso mayor para el día de la inauguración -si la veo-. Y de ahí que escame este soberano consenso que apenas aporta novedad sobre lo ya conocido. Mientras, seguiré pisando suelo firme y escapándole al vértigo de las alturas de la estrategia política.