José García Costas, presidente de la Cámara de Comercio de Vigo
08 mar 2002 . Actualizado a las 06:00 h.García Costas habla del intento del empresariado por lograr un trazado nuevo «y mejor» para el AVE gallego. Cree que es posible corregir el proyecto actual y pide un «máximo rigor» en el debate. -¿De qué manera se ha forjado esta unión? -A raíz del nacimiento y consolidación del Club Financiero creímos oportuno darle un nuevo aire a esta ciudad, tratando de involucrar a los empresarios que muchas veces no hablábamos, pero sí veíamos. Resultó fácil unir a CEP y Cámara. Ahora mismo hay una confluencia en la forma de conducir estas reivindicaciones. -¿Qué acciones están dispuestos a emprender? -Lo que estamos haciendo ya es positivo, porque la gente dice que ¡ya era hora! Pero debemos aglutinar el máximo apoyo. El tercer paso, recibido el anteproyecto ferroviario, será estar presentes en la discusión con las personas involucradas al máximo nivel, como Fraga, Cuiña o Álvarez Cascos. Queremos racionalizar el proyecto del AVE, que se discuta y se analice. Esto no puede ser una simple decisión política. Hay que discutir a fondo, aunque al final no se haga lo que queremos. -¿Temen que los localismos derroten su propuesta? -Creo que no será un obstáculo insalvable. El alcalde de Santiago hizo ver que alguien anidaba la esperanza de que habría un tren de alta velocidad Santiago-Madrid y que el resto de Galicia se las ingeniase para llegar hasta allí. En el año 2002 no tiene sentido hablar así. Pero esto sirvió para que cada uno diga lo que piensa y que se destapen secretos inconfesables. -Qué pasaría si no fragua su alternativa... -No me planteo que esto no se pueda hacer. Se puede matizar el proyecto presentado. Aquí nos jugamos el futuro de la eurorregión. Si hay que cambiar algo, lo cambiaremos, pero siempre con todos abiertos al diálogo. -Dicen que Cascos es un ministro impenetrable... -En su puesto de altísima responsabilidad no puede estar a merced de todos. Por eso es importante llevar una sola voz a Madrid. Esta fuerza le obliga a escuchar y razonar la decisión final.