Más de 100.000 personas tomaron la villa en el cierre de la fiesta que celebra el descubrimiento de América Esta vez, la conquistada fue Baiona. La celebración del descubrimiento de América congregó en la villa a más de 100.000 personas, según informaron desde el Concello. El buen tiempo reinante y el completo programa de celebraciones permitieron que la fiesta batiese su récord de asistencia. La espectacular afluencia de público provocó grandes retenciones en el acceso a la localidad. La noticia del descubrimiento causó ayer más expectación que hace 509 años, cuando Martín Alonso Pinzón atracó en la villa.
03 mar 2002 . Actualizado a las 06:00 h.Martín Alonso Pinzón se habría caído de espaldas. Cuando el almirante llegó a Baiona hace 509 años con la noticia del descubrimiento de América, sólo le esperaban unas decenas de habitantes de la villa. Ayer, más de 100.000 personas asistieron al espectáculo que conmemora uno de los pasos más importantes en la historia de la humanidad. En esta ocasión, el lugar de la carabela Pinta lo ocupó un barco procedente de Panxón, del que bajaron cientos de personas, a imagen y semejanza de los marinos que formaban parte de la expedición de Cristóbal Colón. Los que ayer pasearon por la Baiona medieval no atravesaron el Atlántico para alcanzar las Indias, ni se vieron baqueteados por los caprichos del océano, pero sí vivieron la aventura de caminar por las calles de una villa atestada de visitantes. También tuvieron la oportunidad de recuperar fuerzas degustando los manjares que llenaban los casi 300 puestos del mercadillo medieval desplegado en la localidad. Y energía es lo que hacía falta para llegar al final de tres días de celebraciones, en los que la diversión discotequera más moderna convivió con el ambiente, la decoración y el espíritu de hace más de 500 años. El colofón perfecto para 72 horas de jarana llegó a las cinco de la tarde. La representación teatral del desembarco de Pinzón en la playa Ribeira marcó el regreso al futuro de Baiona. Los trajes medievales y los tenderetes callejeros esperaran en el desván hasta el año que viene, cuando Pinzón arribe en la villa 510 años después del descubrimiento.