JUANMA FUENTES TEMA DEL AÑO
29 dic 2001 . Actualizado a las 06:00 h.En pocos lugares las cuestiones urbanísticas («escribir de casas», que dicen con desinterés algunos menores) ocupan las primeras páginas de los periódicos... salvo en Vigo. Fue una moda que llegó con Manuel Soto, cobró fuerza con Carlos Príncipe, se mantuvo con Manuel Pérez y que Lois Castrillo no ha podido (¿habrá querido?) desterrar. Durante el año que mañana termina se han sucedido las sentencias del Tribunal Supremo, ya definitivas y firmes, en asuntos de tanta relevancia como Rosalía de Castro y el Piricoto, por citar las más importantes. En paralelo, el alcalde otorgó directamente las licencias de Carrefour y el hotel Sensat al no lograr que lo hiciera la Gerencia de Urbanismo. Esta misma Gerencia consiguió, por fin, bloquear el proyecto Finca do Conde tras años de intentos baldíos por parte de PSOE, BNG y la cúpula del PP de Santiago. En medio de este panorama aterrador hubo también una noticia de portada en positivo. Por segunda vez en la década, la corporación decidía por unanimidad iniciar la redacción del definitivo Plan General de Ordenación Municipal. De analizar el precedente de 1993 existirían pocos motivos para la esperanza. Aquella vez también todos los partidos y 26 de los 27 concejales aprobaron un plan que se ha convertido en papel mojado y que nadie, ni sus promotores, defiende globalmente hoy. Entonces la unanimidad se consiguió casi por la fuerza ya que José Cuiña había suspendido en su totalidad el planeamiento vigués aprobado por Manuel Soto tras una tramitación escandalosa. Ahora el referente es otro. Manuel Pérez, el anterior alcalde, del PP y el único que ha tenido mayoría absoluta (o al menos eso pensaba él), decidió encargar un nuevo plan sin contar ni con la oposición y sin la anuencia de Santiago. El proceso naufragó en cuanto fue preciso el informe favorable de Santiago. Lois Castrillo enmendó ese error y lo pactó todo con Cuiña, hasta el punto de que la consellería paga la mitad de los gastos. En la ciudad no existe contestación pero es palpable el desinterés del PSOE, algo que hasta ahora no ha tenido consecuencias. A la de ahora empieza a olvidarse que sólo un equipo técnico se presentó al concurso. Unos dicen que por la escasa rentabilidad económica de la operación, aunque parece más plausible otra explicación bastante más malévola, algo así como que el resultado estaba cantado y no merecía la pena el esfuerzo. Sea como fuere, el reto está en sus inicios y veremos lo que ocurre cuando exista un avance redactado. Con toda seguridad, y por desgracia, Castrillo no logrará que en 2002 el urbanismo en Vigo no sea noticia de portada.