SIETE VECES SIETE
08 dic 2001 . Actualizado a las 06:00 h.YA ES NAVIDAD EN LA CALLE o eso pretenden hacernos ver el alumbrado y la decoración que, tanto ayuntamiento como comerciantes, se empeñan en adelantar cada año un poco más. A mí este tinglado siempre me ha parecido un derroche de energía y, cada vez más, una creciente escasez de imaginación. La Navidad de este año viene luminosamente fea y cutre. Las tiritas de luces que adornan árboles y fachadas está en la más correcta línea del feísmo imperante. Los trineos, ciervos y demás florituras, de un amarillo apagado tristón no creo que merezcan ni la categoría de arcos luminosos que se les atribuye. Afortunadamente, fea, muy fea, viene esta Navidad, en la que los angelotes de aglomerado y papel albal son el exponente máximo de la cutrería iluminada. Fea, muy fea y con ella se lucen nuestros munícipes y yo me alegro. Me alegro porque así a lo mejor obtenemos el beneficio de que esta costumbre festivo-comercial se apague poco a poco y gastemos menos energía y comamos más turrón, que es más sano y saludable. LA NAVIDAD EN O PIRICOTO no parece que vaya a ser tranquila. Como saben, el Tribunal Superior de Justicia ha dictaminado que la sentencia de derribo es fisicamente ejecutable y legalmente posible. El concejal de Urbanismo, Xabier Toba, ha calificado el auto de obviedad. No se ha sorprendido un ápice. Al paso que vamos, en cuestiones de urbanismo y tribunales todos acabaremos por perder, como Toba, la capacidad de asombro. Yo no me asombraría si los edificios de la Colina de Castrelos finalmente fueran demolidos, pero tampoco lo haría si se mantuvieran eternamente ahí. Me sigo asombrando de que los responsables políticos y civiles de tropelías semejantes no paguen por sus irresponsabilidades ante la sociedad a la que manifiestamente perjudican. Pero estoy seguro de que pronto acabaré también por perder esa capacidad de asombro. Sobre todo si analizas la situación y te das cuenta de que quienes un día se opusieron a una licencia, pasado el tiempo les toca defenderla o pagar sus consecuencias. Si quienes un día movieron papeles en contra, años después los mueven a favor. El enredo urbanístico de Vigo da para una gran novela que, lamentablemente no podremos titular Los miserables porque Víctor Hugo se nos adelantó una centuria. Pucho Bastos ha dicho que no cejará en el empeño hasta que desaparezca fisicamente. Toba no quiere hablar de indemnizaciones y responsabilidades. Los que dieron la licencia y permitieron la obra guardan silencio como tumbas blanqueadas. Las víctimas inocentes seguro que miran a la Navidad con inquietud. Pero esta no será la última que pasen en la Colina. OTRO DESPROPÓSITO Y NO será el último, es el del edificio administrativo de la Xunta con el que Vigo cerró su fachada al mar, creó la plaza de la Estrella y abrió el excelente aparcamiento subterráneo de la zona. Fue inaugurado con bombo y platillo popular en plena campaña electoral, pero aún no ha sido ocupado. Entre otras deficiencias, porque probablemente no quepan todos los funcionarios previstos y porque el sistema de archivos y ordenadores no estaba en el proyecto. El desprósito costará la desaparición de un centenar de plazas de aparcamiento y más de 500.000 pts. de alquiler para toda la vida. Aquí tampoco hay responsables. Hay tapujos.