PSOE: ¿Más partido que nunca?

VIGO

KIKO DASILVA

La «guerra» que enfrenta a los concejales socialistas es el último episodio de un cuarto de siglo lleno de sobresaltos El espectáculo que está dando el grupo municipal del PSOE, con insultos más o menos directos entre sus concejales y un líder cuestionado pero sin recambio a la vista, es el nuevo episodio de una historia singular y llena de sobresaltos. A lo largo de los últimos veinticuatro años, el Partido Socialista (que hoy parece más partido que nunca) ha vivido de todo: tres mandatos reinando en el Ayuntamiento, alianzas con tránsfugas, hundimientos electorales, fuga de dirigentes, peleas entre militantes, expulsiones, clausura de agrupaciones... Ningún otro partido presenta, ni de lejos, una vida tan intensa en la ciudad. Lo demuestra un repaso a su trayectoria, que de momento se cierra con una pregunta: ¿Es ésta la enésima crisis del PSOE o estamos ante un final de etapa?

10 nov 2001 . Actualizado a las 06:00 h.

Cuando el PSOE abre su primera sede en las galerías del cine Plata corre el mes de marzo de 1977. Pese a la ilusión, prácticamente nadie puede prever que sólo dos años después un tal Manuel Soto se haría con la alcaldía. Soto se convierte en el primer secretario general del PSOE vigués, pero deja el cargo orgánico al entrar en el Concello. Llegan los ochenta y empieza la movida. Miguel Barros toma el mando del partido con el traslado a la calle del Príncipe. Junto al concejal Castedo protagoniza la primera crisis: Francisco Vázquez da un mitin en el Fraga (autonómicas 81) y dejan al alcalde sin silla. Poco después, un incondicional José Torea asume la secretaría local. Apogeo El apogeo llega con los comicios de 1983. Doce concejales y Leri garantizando con su voto independiente otros cuatro años. Es quizá el momento dulce del partido, un lapsus de paz. Abel Caballero es ministro y Soto encabeza la lista de las autonómicas. En este mandato irrumpe la figura de Carlos Príncipe, que pronto se convertirá en mano derecha del alcalde Soto y desplazará a Jorge Parada de la concejalía de Urbanismo. En los últimos años de la década e inicios de los noventa comienza la fragmentación del partido en familias. El proceso coincide con la creación de las tres agrupaciones de Calvario, Fragoso y Centro -cuyos primeros secretarios son Baquelita, Santomé y Manuel Domínguez, respectivamente- y con varios escándalos (quiebra de Guvasa, recalificación de Pizarro, privatización de Emavisa, incineradora de Samil). Todo aderezado con el fichaje de cinco concejales tránsfugas para el gobierno. Relevo La campaña del 91 refleja un clima de crispación ciudadana. Pero la derecha se queda a un concejal de la mayoría absoluta y Esquerda de Galicia está dispuesta a gobernar con los socialistas a cambio de la renuncia de Soto, que lleva doce años en la alcaldía. Es el momento de Príncipe. El nuevo regidor toma las riendas del gobierno local. Convierte a Dolores Villarino en su lugarteniente y secretaria comarcal. Apacigua la ciudad, pero surgen numerosos conflictos internos, tanto con concejales (Calviño, Santomé) como con las agrupaciones (Cabaleiro, Carmela Silva). Los sotistas le plantan cara pero él les gana la partida orgánica. Con costes: incluso miembros de su partido apoyan las protestas contra la empacador de basuras de Guixar, uno de los asuntos que le acaban dejando sin la alcaldía. Príncipe pasa a la oposición en 1995 y se abre una batalla interna. Los críticos de O Fragoso capitanean la lucha contra los partidarios del concejal: insultos, acusaciones, intrigas y denuncias en el juzgado. Los momentos más duros se saldan con peleas entre militantes en una asamblea celebrada en diciembre de 1996 y con la tángana que se monta en Balaídos cuando dirigentes del partido exigen la entrega de llaves para disolver la agrupación. De entonces a hoy, Carlos Príncipe ha tenido que salvar unas primarias contra María Xosé Porteiro, la reaparición de Soto con nuevo partido, la segunda derrota en las urnas (pese a formar gobierno) y la aparición de más corrientes críticas con ex-concejales y colaboradores suyos. El último conflicto lo protagonizan los concejales Delfín Fernández, Belén Sío y Uxío González, que le acusan de menosprecio y acaparamiento del presupuesto. Ha terciado Villarino diciendo que el trío no vale ni para gestionar una aldea; una afirmación que según los aludidos sale de las cavernas. Las direcciones de Madrid y Santiago dejando entrever, aunque sin decirlo, que les gustaría iniciar un «cambio tranquilo» de candidato. No sabe si tienen alguna estregia o la van improvisando. Príncipe les ha retado. Dice que él se presentará a unas primarias y que decida la militancia. En junio del 2002 (apenas falta medio año) se conocerá definitivamente el candidato.