LECCIÓN DE ESPECTÁCULO

La Voz

VIGO

ÓSCAR VÁZQUEZ

BEGOÑA R. SOTELINO CRÍTICA

22 oct 2001 . Actualizado a las 07:00 h.

Ute Lemper ofreció en Vigo una lección magistral de espectáculo. El concierto inaugural del Festival Are More no pudo comenzar mejor que con una intérprete como ella. Una artista que además de cantar y jugar con su garganta como quiere, plantea una puesta en escena en la que navega desde la seducción a la comicidad, interactúa con quiénes la escuchan, y elige además un repertorio sin reproche, -de Kurt Weill a Tom Waits, de Jacques Brel a Nick Cave-, acompañada por un magnífico trío de instrumentistas dirigido por el pianista Bruno Fontaine. Comenzó suave, comedida, arropada con un vestido negro hasta los pies, pero debajo se adivinaba el vestido rojo y sobre el piano, el sombrero y la boa, metáfora de la transformación en estrella del musical con dominio de todos los recursos, incluido el don de lenguas, cambiando constantemente del inglés, al francés y al alemán en un despliegue digno de cum laude políglota en todas las variedades de una Escuela de Idiomas europea. El recién reestrenado teatro Fraga-Caixa Galicia se convirtió en un cabaret de lujo con aires berlineses. La voz, a veces ronca, a veces aguda, a veces susurrante, de la nada gélida teutona, acarició los oidos de la audiencia en sus generosas explicaciones, pero sobre todo, la de un afortunado espectador de las primeras filas que fué succionado por la diva en su papel de vamp. Lemper hincó los colmillos en el cuello de Daniel, el tipo más envidiado del teatro durante los minutos en los que la cantante jugueteó con su nombre conviertiéndolo en un preludio de pieza de opereta, a pesar de maldecir su after shave. Además de talento para el musical, para la canción con movimiento, la alemana demostró poseer sobradas dosis de sentido del humor. Ute Lemper traspasó su disfrute a las butacas, dejó traslucir su satisfacción, mutua con la audiencia, por lo redondo que le quedó el show. No es de extrañar, teniendo en cuenta que en uno de sus últimos conciertos en España (en Madrid, donde precisamente ayer inauguró el Festival de Otoño) se quedó sin voz. Y teniendo una voz así, perderla es un drama. Casi tan tremendo como no haber conseguido una entrada para verla en Vigo. brodriguez.vigo@lavoz.com