UN VERDADERO FOCO DE ATRACCIÓN. El Concurso Internacional de Saltos que concluye hoy ha atraído hasta Vigo a la flor y nata de la jet set. Uno de los que han desfilado por Cotogrande es Amancio Ortega, dueño del imperio Inditex, que ejerció de «amantísimo» padre al animar con fervor a su hija Marta, quien compitió en una de las pruebas. Parece ser que ni el apoyo paterno logró infundir brío a la amazona, ya que ésta hubo de conformarse con el décimoquinto puesto. NOBLE REPRESENTACIÓN. Otro de los jinetes rosas que se ha dejado caer por Vigo estos días es Cayetano Martínez de Irujo, hijo de la Duquesa de Alba. Este joven tampoco ha triunfado en Cotogrande, al menos en el plano deportivo: logró el puesto 32. Las malas lenguas dicen que a este chico se le dan mejor las mozas que los caballos, pero no hay que ser mal pensados; Cayetano perdió porque tenía «averiado» el caballo de los grandes premios. Unas veces se gana, y otras se pierde. La gran ganadora en esta ocasión ha sido la ciudad de Vigo, que ha sabido acoger con maestría, un año más, este importante evento. PRESENCIA INSTITUCIONAL. En el recinto de Cotogrande también han estado diversos jerifaltes de la vida económica y política de la ciudad: Juan Pedrosa, Pablo Egerique, Isaura Abelairas y Santiago Domínguez han asomado sus insignes rostros por entre el graderío, dándole al evento hípico un toque institucional que no puede faltar en todo sarao que se precie. Por cierto, me ha contado un pajarito que Pablo Egerique, delegado del Estado en la Zona Franca y presidente del PP vigués, no pudo entregar un premio debido a que el caballo ganador se había soliviantado por la presencia entre bastidores de un grupo de yeguas. AMOR HÍPICO. Las historias del concurso hípico vigués no se producen sólo en el ámbito de la vida pública. El vulgo también tiene cosas que contar, y como muestra, un botón: Pilar y Emilio se conocieron hace 34 años, cuando ambos acudieron al concurso hípico. Lo suyo fue un flechazo ecuestre que acabó en matrimonio con hijos. BAILES INFANTILES. Hablando de hijos, éstos también disfrutaron de la hípica. En cuanto los caballos se retiran de la pista, los pequeños no vacilan en saltar a la arena y ponerse a bailar. Así da gusto. Aunque a esta animación suscitada entre el público de Cotogrande contribuyó en gran medida Luis Aréizaga, un hombre polifacético que, además de comentar las pruebas, hizo reír y bailar al numeroso público que ocupaba las gradas. ESTA NOCHE, FIESTA. Hoy concluye el concurso hípico con un fin de fiesta que promete ser un evento de postín. Los fastos tendrán lugar esta noche en dos locales chic de la ciudad.