Una jornada de huelga con dos caras

REDACCIÓN VIGO

VIGO

CAPOTILLO

El paro fue diferente en el casco urbano y la periferia Mediodía de ayer, calle del Principe: el comercio aparece cerrado y la actividad es prácticamente nula. Mediodía de ayer, As Travesas: el bullicio es tal que la huelga general ni se recuerda. En Coruxo, San Miguel de Oia y otras parroquias del entorno rural la jornada parece festiva. En los colegios, los alumnos precavidos llegaron poco a poco, casi con cuentagotas.

15 jun 2001 . Actualizado a las 07:00 h.

Vigo ofrecía ayer dos caras bien diferentes. El centro, todo un experto en estas lides, esperaba, silencioso y achantado, la manisfestación, bien por propia iniciativa o, en otros casos, por invitación expresa. En los barrios, los comerciantes permanecían con la puerta a medio abrir, expectantes, a la espera del piquete de turno para, llegado el momento, echar el cerrojo de un plumazo. Las presiones no llegaron y desterrado el peligro, abrieron de par en par hasta acabar la jornada. Ante tal panorama no faltó quien calificó la huelga de injusta. Sólo nos falta esto, comentaba un empresario de Urzáiz, además de mayores impuestos, también nos toca más caña. De hecho, As Travesas ofrecía su habitual actividad con el comercio abierto como si tal cosa. La misma actividad que se percibía en el Centro Médico Povisa, abarrotado como siempre de público, entre el que se dejó ver la delegada de Sanidad, Dolores Pan, de visita por las dependencias sanitarias. Por el contrario, en el estadio de Balaídos, los forofos del Celta aguardaban sin éxito la apertura de las taquillas para adquirir las entradas de la Copa del Rey. Aunque la lonja, apenas tuvo actividad, el mercado de O Berbés abrió sus puertas como si de un día más se tratara. La actividad en los colegios fue llegando también poco a poco y si a primera hora de la mañana los alumnos eran más bien excasos, a lo largo de la jornada el aforo ya estaba completo. Esto es lo que pasó en el Colegio Doctor Fleming, donde poco a poco llegaron la mayoría de los alumnos, una vez comprobado que no pasaba nada. A pocos metros, el instituto de O Castro apenas ofrecía actividad. Para evitar problemas se adelantó el final de las clases un día. Este tipo de medidas y otras como el traslado de exámenes en centros universitarios, impidieron conocer la incidencia real de la huelga.