ÁLVAREZ Y LA SAL

La Voz

VIGO

EDUARDO CIFUENTES ANÁLISIS

26 abr 2001 . Actualizado a las 07:00 h.

lo largo de estos últimos meses, desde la bien planificada salida de Rafael Tormo (administrador único), y del abandono de los Pérez Manglano en sus responsabilidades como empresarios, alegando falta de apoyo por parte de la Administración, el comité de empresa de GEA dando muestras de su unidad de criterio y de acción, tal y como ya nos tiene acostumbrados, vuelve a traernos al grupo porcelanero de Cabral al primer plano de la actualidad. No lo hace como todos desearíamos, para congraturlarnos porque hubiera encontrado el camino que le permitiera salir de la permanente crisis que desde sus principios vive, sino para recordarnos su cada vez más desesperada situación. ¿Qué es lo que ocurre en el seno de su organización para que después de tantas ayudas recibidas y de tantos esfuerzos realizados el Grupo siga sin levantar cabeza y cada día más cerca de su desaparición? En mi opinión y sin querer caer en la simplificación, la causa principal estriba en los muy diferentes objetivos que nos planteamos conseguir los que aceptamos, en diferentes épocas, asumir la dirección del Grupo. Algunos de nosotros trabajamos para rentabilizar las fábricas y sanear su economía, no perdiendo nunca de vista que el Grupo de Empresas Álvarez, lo forman un conjunto de centros de producción cuya misión es fabricar lo mejor posible una serie de productos para que su red comercial los introduzca en el mercado. Otros trabajaron aplicando técnicas de ingeniería financiera (cultira del pelotazo), rodeándose para ello de elementos pertenecientes a la propia empresa y de otros adláteres venidos de fuera y atraídos por el olor del moribundo. El objeto de estos otros fue el saneamiento de sus propios bolsillos y los de los elementos que apoyaban tan loable tarea. Una y otra tarea, la primera por no ser capaces de llevarla a cabo y la segunda por practicarla con todo el éxito del mundo, han llevado al Grupo a la situación que arrastra desde hace no pocos años. Y en medio, 750 trabajadores, que además de no percibir las pagas extras desde hace años, de dejarse engañar como borregos por los que los llevan al matadero, y de no querer enterarse de la misa a la mitad, llevan los últimos cuatro meses, y lo que te rondaré morena, sin cobrar sus salarios. Todos los que conocemos el Grupo, sabemos que su problemática tiene una difícil solución; dificultad que no lo es tanto a nivel técnico, como sí y mucho a nivel jurído y político. Su complejo entramado de cargas e hipotecas sobre los medios de producción y los terrenos de Coruxo y Cabral, además de la falta de confianza que Adminitraciones y entidades financieras tienen en el equipo que pilota el Grupo (hombres de paja movidos desde Valencia por Rafael Tormo), son dos escollos imposibles de salvar. A pesar de lo dicho, en los últimos días la prensa se hizo eco de la decisión de las centrales sindicales, excepto la CIG, para redirigir la desesperada situación. Dicha decisión pasa por conseguir la transformación del Grupo en una SAL. No albergo ninguna duda respecto a que los expertos contratados para ello están capacitados para esa transformación, pero sí sobre que tal proceso pueda llevarse a cabo en el contexto actual. La difícil tarea de reflotar Álvarez obliga al cumplimiento de varios e imprescindibles requisitos. El más importante es la existencia de un equipo directivo capaz y comprometido, que goce de la confianza del personal, sindicatos, entidades financieras y Administración. La unión de todos y cada uno de los componentes de la empresa en torno a dicho equipo es imprescindible. Eternas preguntas Si esto no es así, ¿qué futuro puede tener una organización en la que cada uno defiende unos intereses diferentes? ¿Qué posibilidades de éxito puede tener el constituirse en una S.A.L, si entre ellos mismos no hay ni la más mínima posibilidad de llegar a un acuerdo? ¿Cómo se puede llegar a un acuerdo si el sr. Lores (CC OO) parece la voz cantante y cabeza visible de los trabajadores? ¿Dónde está la dirección general que recientemente fue nombrada para que actue como tal y no como simple comparsa? ¿Por qué lo más valioso que tiene el Grupo, sus marcas comerciales Santa Clara y Santa Clara Línea Actual están registradas por la empresa Postmilenium con sede en Valencia? ¿No será que se quiere cerrar las fábricas gallegas, subcontratar la producción en otros centros y a través de una distribuidora vender los productos como si se fabricasen en Cabral? El tiempo lo dirá, porque por ahora lo único claro que yo tengo, es que la historia de GEA es el cuento de nunca acabar, y su organización lo más parecido a un gallinero.