César Portela, arquitecto autor del Museo del Mar y el Palacio de Congresos Cuando en 1999 César Portela recibió el Premio Nacional de Arquitectura por la estación de Autobuses de Córdoba su trayectoria profesional ya estaba consolidada. Atrás quedaban casi treinta años de trabajo, más en el extranjero que en España, haciendo proyectos y ganando concursos. En todo este tiempo, su estudio de la calle García Camba de Pontevedra siempre ha sido su base de operaciones, el lugar al que siempre regresa y en donde han tomado forma sus grandes obras de Galicia como la Domus de A Coruña; el cementerio de Finisterre, el Museo del Mar de Alcabre o el Palacio de Congresos de Vigo.
21 abr 2001 . Actualizado a las 07:00 h.El estudio pontevedrés de César Portela está dividido en dos estancias: La principal, presidida por una enorme maqueta del Palacio de Congresos de Vigo; y un espacio anexo, en donde se pueden ver las reproducciones a escala del Museo del Mar y de la Estación de Autobuses de Córdoba. Entre manos tiene muchos proyectos, los principales, en Vigo. -¿Lleva usted camino de convertirse en el nuevo Palacios de Vigo? -(Se ríe) Ya me gustaría... -En su entorno profesional se dice que la Xunta le está tratando a usted muy bien, con la adjudicación de obras en Galicia... -No, a mí ni la Xunta ni nadie me regala nada. Lo que ocurre es que si se convoca un concurso, presento un proyecto, lo gano y punto. No es que el alcalde de Pontevedra me trate bien, ni que el conselleiro de turno, me trate bien. No. Durante muchos años me gané la vida en Japón y en América, ganando concursos. Así que eso no se puede decir. -Pero se dice. -Hay quien dice todo lo contrario, que la Xunta y la Administración me han tratado muy mal, porque llevo aquí en Pontevedra treinta años y sólo hice dos cosas. El motivo es porque discrepo de como se quieren hacer las cosas, y prefiero ir a trabajar a Japón. De mí se pueden decir muchas cosas y muy malas y merecidas, pero eso no. La envidia es una cosa terrible. El que tiene envidia no disfruta lo que tiene porque siempre está envidiando a los otros. Pero eso se cura. -Una revista especializada lo sitúa a usted entre los cinco mejores arquitectos de España, con Calatrava, Moneo, Baldeweg o Consuegra. -No pierdo un minuto en esas cosas. No me importa ser el mejor ni el del medio. Lo que me importa es disfrutar con mi trabajo. Como me gusta lo que hago, procuro hacerlo bien, y si lo hago bien y me esfuerzo, lo que me gusta es que lo respeten. No es que me salgan las cosas bien, me salen como tienen que salir, porque llevo 30 años trabajando y a algunos les gusta lo que hago. -El Premio Nacional de Arquitectura ha sido la confirmación de esos 30 años de buen trabajo. -Es un premio que dan una serie de arquitectos que se reunen en Madrid y que acordaron que ese era el mejor proyecto que había ese año. Tampoco lo da la Xunta. -¿Conoce el proyecto de la Ciudad de la Cultura que se va a hacer en Santiago? -Lo conozco porque me presenté a ese proyecto. -¿Qué le parece? -De los concursos que pierdo no opino.