«Subir al Everest con oxígeno es algo parecido a correr el maratón en moto»

VIGO

Chus Lago, montañera Cuando el 26 de mayo de 1999 Chus Lago pisó la cima del mundo se dijo «ya está. Me ha costado mucho, pero he cumplido mi sueño. Es hora de enfrentarme a una vida normal -casa, trabajo, familia...- para siempre». Se mintió descaradamente. La prueba es que ya ha empezado la cuenta atrás de su próxima expedición, que iniciará en julio. Su objetivo es pisar la cumbre del Comunismo (7.500 metros), en Tajikistán. Es un primer paso para hacerse con el «Leopardo de las nieves», un título que avala que se han escalado las cinco montañas más altas de la antigua Unión Soviética. Lo dicho, De punto y final, nada de nada. Sin embargo, lo que quita el sueño estos días a Chus Lago es la inminente presentación de su primer libro, «Everest. Fuera de la tierra», en el que narra la emocionante experiencia que le permitió entrar con mayúsculas en la historia del montañismo mundial.

07 abr 2001 . Actualizado a las 07:00 h.

Sus inmensos ojos. Eso es lo primero que a una le atrapa de Chus Lago. Luego viene todo lo demás. Es un manojo de nervios y de músculos. A los segundos los domina a su antojo, pero los primeros semejan ir por libre. La montaña guarda pocos secretos para esta mujer que lleva 25 de sus 36 años subiendo y bajando cumbres en los puntos más dispares del planeta. «La primera fue la del Vixiador con la hermana Cándida», recuerda. -Ha llovido mucho desde entonces. -Mucho, pero también aquello era un esfuerzo para una niña de once años. -Nada comparable con llegar a pulmón a las puertas del cielo. -Nada. El Everest es otra dimensión. Como cuento en mi libro, uno se siente allí fuera de la tierra. Físicamente te deja hecha un guiñapo, pero es un peaje que se paga con gusto. -Un peaje aún más duro si la ascensión se realiza a pulmón. -Para mí no hay otra manera de hacerlo. No entiendo cómo puede compensar a nadie subir con oxígeno. Todo mi respeto para quienes lo hacen, pero creo que escribir así tu nombre en una lista carece de mérito. Es como correr la maratón en moto. Claro que la llegada a la meta está asegurada, pero... Si no se está preparado para no hacer trampas hay que esperar a estarlo y, entre tanto, elegir otra meta que se pueda alcanzar. -Es lo que hizo usted las dos veces que se le resistió la marca. -Pues sí. Con mucho dolor de corazón recoges tus petates y te dices que la próxima vez será. Nada distinto de tantas cosas en la vida. -¿Qué le ha costado más subir al Everest o contar en un libro cómo lo hizo? -(Se lo piensa un segundo). Subir al Everest, porque escribir es otra de mis pasiones. Con sus virtudes y defectos literarios, cada palabra de ese libro es de cosecha propia.