CERRADO POR OBRAS

La Voz

VIGO

M. MORALEJO

JOSÉ A. PEROZO LA GOTERA

05 abr 2001 . Actualizado a las 07:00 h.

Los transportistas, es decir, quienes viven el tránsito día a día, han calificado de insostenible el estado de las calles viguesas. Las consecuencias psíquicas, físicas, económicas y sociales que estos profesionales sufren las enumeró ayer María Jesús Fuente en estas mismas páginas con suficiente nitidez. Son de puro sentido común. Depresiones y crispaciones. Accidentes con perjuicios para el cuerpo y la maquina de trabajo. Gastos en reparaciones y mal servicio al ciudadano. En resumen, para los sufridos taxistas, que se ven obligados a vivir el desquicie del tráfico por las obras en toda su jornada laboral, Vigo es un caos. Pero también, su voz de alarma es un síntoma muy grave. A esta alarma hay que sumar la situación que se avecina para los próximos meses y que también en estas páginas dibujó espléndidamente Juanma Fuente. A las obras del aparcamiento subterráneo de Uzáiz se sumarán las de la conexión de la autopista A-9 con el túnel de beiramar, lo que obligará a cerrar el paso subterráneo mientras gran parte del centro de la ciudad se verá colapsado o cortado al tráfico. No quiero ni pensar en que Fomento ponga en marcha las obras de RENFE, que anuncia Diego Pérez en su información de primera: túnel en Vázquez Varela, conexión con Guixar y Bouzas, etc. O que la imprevisión municipal inicie al mismo tiempo las obras del Palacio de Congresos en orillamar, a la vez que cede a la presión para construir otro parking en Venezuela. La situación puede llegar a límites que nos pongan a todos a las puertas del manicomio. Es cierto que en los últimos ocho años Vigo es una obra desquiciada y cierto que se ven pocos beneficios como consecuencia de las mismas. Los cableados y conducciones subterráneas apenas si confortan a los ciudadanos. Es cierto que el famoso «abrir Vigo al mar» parece eterno y cerrado en sí mismo. Es cierto que la imprevisión es el pan nuestro de cada hora, pero también es cierto que todos soñamos con que esta pesadilla acabe algún día y podamos decir que Vigo es por fin una ciudad cómoda gracias a tantas obras. Un sueño que parece una utopía, que ha superado aquel otro de «por un Vigo millor» que cubrió de losetas cuanto espacio verde encontró a su paso al tiempo que canalizaba todo lo canalizable. Construir y reconstruir Vigo es complicado, pero mucho más cuando se hace de este modo tan atropellado, que acabará mandando a la ciudadanía al psicólogo y al chapista al mismo tiempo. A este paso, una solución pasaría por mandar al cincuenta por ciento de la población de vacaciones pagadas, mientras el otro cincuenta por ciento mantiene viva la ciudad y arregla la situación en los espacios que queden libres. Naturalmente, después de colocar en las entradas un cartel que diga: «Cerrado por obras».