930 días que no harán historia

VIGO

XOÁN CARLOS GIL

El PP bajó nueve puntos en las municipales de 1999 tras decidir Fraga y Cuiña el relevo de Manuel Pérez por Juan Corral Un 24 de septiembre de 1998 se confirmaba un hecho anunciado. Ese día Manuel Pérez supó oficialmente que no sería de nuevo candidato a alcalde. Antes de ayer, dos años y medio después, su sucesor, Juan Corral, ha seguido la estela tras una fugaz entrevista con Manuel Fraga, supuestamente la persona que lo aupó como alcaldable. Entre ambas fechas 930 días en los que el PP ha perdido la oportunidad de reforzar su estructura y algo más: una cómoda mayoría en la corporación municipal. A día de hoy el partido mayoritario ignora quien será el próximo aspirante a la alcaldía, que quizás no se conocerá hasta después de las autonómicas. En Santiago no quieren correr riesgos y tienen claro que lo fundamental es garantizar la mayoría en el Parlamento. Vigo queda en un segundo plano y de entrada se conforman con evitar las tensiones Corral-Egerique de los últimos tiempos.

24 mar 2001 . Actualizado a las 06:00 h.

Relevar a Manuel Pérez se convirtió casi en un imperativo legal para el PP desde poco después de lograr para su partido la mayor alcaldía de Galicia. Como alguien muy próximo al ex alcalde reconoce, «fue como si tuviera que pagar el pecado de haber ganado; hasta es posible que le hubiera ido mejor de haber seguido en la oposición». Pérez alcanzó en 1995 69.000 votos (46% del total) y de 15 de 27 concejales, marca que nadie más ha logrado en la ciudad. La lista que encabezó Juan Corral se quedó en poco más de 50.000 (36,7%) y 11 concejales, lejos de los resultados de Pérez en 1995 y también de los de 1991, cuando la lista del ex alcalde lograba el 42,3% y 13 ediles. El descabalgamiento de Manuel Pérez se puso en marcha no mucho después de su llegada a la plaza del Rey. Sus enemigos en la esfera local encontraron siempre respaldo en Santiago y las piezas fueron encajando. Llegado el momento fue relevado de la ejecutiva gallega como paso previo a su defenestración municipal. A partir de ese momento el PP, siempre tutelado desde Santiago, inicio un camino que le ha llevado a la oposición y a celebrar un congreso local en clave de división. En esta asamblea la lista opositora (encabeza por Maite Fernández), por primera vez en su historia estuvo a punto de dar la sorpresa a la oficial liderada por Pablo Egerique. Deslegitimación Corral asumió la presidencia local del partido de inmediato y tuvo que hacer frente a la rebelión de diversos presidentes de distrito que lo veían como un candidato impuesto. Esta situación, que podía crearle problemas en la esfera local, fue confirmada por la vía de los hechos por su partido. El 10 de febrero de 1999 José Cuiña daba una campanada y convocaba a los periodistas en la calle del Príncipe. Por sorpresa presentaba a su acompañante, Horacio Gómez, como número dos de la lista. Una vez que los periodistas estaban enterados ambos se fueron a la cafetería de un hotel próximo para presentar al flamante candidato a Corral y a otros dirigentes. Allí estaba también Carmen Bianchi, quien sufría un nuevo retraso en la lista; primero sonó como alcaldable y acabó de tercera. Lo más grave para el prestigio político de Corral es que Gómez no venía sólo. Tenía pactado con Cuiña, por entonces todopoderoso secretario general del PP gallego, la presencia en la lista de personas de su confianza. En días sucesivos se fue conociendo que el director general del Celta, Alfredo Rodríguez Millares, o el presidente de la Asociación de Antiguos Jugadores, Francisco Doblas, irían en puestos de salida. Como Bianchi tuvo su cuota, otros lo tenían garantizado y Cuiña disponía de plenos poderes, la participación del alcaldable en su elaboración fue mínima. La implicación de Cuiña en la campaña fue importante. Tras meses de tensiones extremas con Pérez (Finca do Conde, etcétera) finalmente llegaron a un pacto: Pérez sería eurodiputado pero intervendría en varios actos públicos. Pese al esfuerzo final la alcaldía volvió a la izquierda, como siempre estuvo en Vigo salvo los cuatro años de Pérez. De inmediato explotaron las tensiones: Bianchi exigió un puesto en la Diputación, pero Corral se lo reservó para sí. La delegada de Industria cometió entonces su mayor error y optó por marcharse dando un portazo. De haberse contenido hoy podría ser portavoz municipal con serias aspiraciones cara a las próximas elecciones. Los demás protagonistas de la campaña han sufrido igualmente los efectos del síndrome Vigo: Cuiña, que al desastre de Vigo sumó otras derrotas, perdió meses después la secretaría general del partido; Gómez, como Corral, se convirtió en vicepresidente de la Diputación pero finalmente ha vuelto por sus fueros; Corral, por último, ha tenido que renunciar al Concello con el premio de consolación del Senado.