Otro bochorno ante el Mirandés hunde al Deportivo

Enlazó su tercera derrota tras un lamentable primer tiempo y una desacertada segunda parte, por lo que ya no depende de sí mismo para mantenerse en Segunda en la última jornada

En una vergonzosa recta final de temporada, este triste Dépor también perdió contra el Mirandés (1-0), frente al que pagó un lamentable primer tiempo. Tras su tercera derrota consecutiva, los coruñeses ya no dependerán de sí mismos para mantenerse en Segunda en la última jornada. Su penoso partido, unido a las victorias del Lugo y el Albacete, le quitó definitivamente la iniciativa en su afán por evitar el descenso. El lunes deberá derrotar a un Fuenlabrada que luchará por la promoción de ascenso y esperar los resultados del Albacete y el Lugo.

Decidido a defender y salir al contragolpe, el Dépor confió su suerte hasta el descanso en plantar la defensa prácticamente en el área propia. No hay solución mala si da confianza a los futbolistas para poner en aprietos al adversario, pero los coruñeses apenas comparecieron hasta el descanso. Inferiores en las dos áreas, muy imprecisos en el pase y alejados de un espíritu competitivo y coral, al equipo entrenado por Fernando Vázquez tiró a la basura la primera parte, en especial la media hora inicial, cuando encajó el primer gol y pudo encajar alguno más.

Merquelanz marcó en una falta directa rodeada de errores blanquiazules. Bóveda se vio obligado a cometer la infracción no muy lejos de la frontal tras un defectuoso toque atrás de Santos, quien jugó muy solo en ataque. El venezolano, de vuelta al once, se infló a correr en la presión, pero su esfuerzo apenas encontró la compañía de algún compañero. Tampoco Dani Giménez colocó la barrera con acierto. El meta perdió de vista la pelota y, cuando la encontró, ya la tenía encima en el buen lanzamiento del joven rival.

El cuadro burgalés pudo aumentar la ventaja hasta por dos veces antes del descanso, pero en ambas se estrelló con un inmenso Dani Giménez. Con el Dépor aún noqueado por la diana, Guridi soltó un zapatazo que el portero rechazó como pudo. Justo antes de regresar a los vestuarios, Álvaro Peña falló una ocasión aún más clara tras un fulgurante contragolpe. El mediapunta local recogió un pase atrás y chutó según llegaba en carrera, pero centrado y el portero salvó a su equipo. Los escasísimos acercamientos del Dépor se fraguaron a balón parado. La única digna de mención consistió en una falta directa en la que Gaku chutó esquinado, pero Lizoain estrenó los guantes y detuvo atento.

Con el Dépor estancado en la nada, Vázquez renovó al equipo con cuatro cambios para arrancar la segunda parte. Al menos, el equipo coruñés metió una marcha más en su fútbol y no jugó tan empotrado en su área. El balón por fin conoció el campo del Mirandés y hasta llegó una ocasión elaborada: Keko centró a la frontal tras un pase entre líneas de Gaku, pero el remate de Aketxe golpeó en un rival y acabó flojo en las manos del meta local. También lo intentó Merino a los 70 minutos en un centro desde la izquierda, pero remató fuera desde el área pequeña en posición muy forzada.

El Deportivo, aún atragantado, no se rindió. Jugó con el corazón en la boca y acumuló ocasiones en la recta final del partido. Aketxe volvió a destacarse como el más insistente y, a diez minutos del final, dispuso de una falta directa en el balcón del área, donde otras veces es infalible, pero Lizoain rechazó su violento disparo. También Keko marró la suya tras un córner que recogió en el segundo palo, pero tardó mucho en armar el disparo y Guridi se cruzó. El exmalaguista volvió a intentarlo en el tiempo añadido con un remate cruzado, pero no hubo manera. El abismo del descenso está más cerca.

¿Quién de este vestuario está dispuesto a jugar en Segunda B el próximo año?

Alexandre Centeno

Todo el tramo final de la competición lamentando que no haya una semana entre partido y partido y ahora al Deportivo se le van a hacer eternos los días que hay hasta recibir el lunes al Fuenlabrada. Otro desastre de encuentro —aunque hubo mejoría en la segunda parte, no mereció la victoria— condenó a los blanquiazules a afrontar la última jornada sin depender de sí mismos. Una permanencia que parecía hecha hace apenas una semana, se ha diluido como un azucarillo. Un rival te puede ganar en el campo porque es mejor, pero nunca por haberle puesto más ganas. Y es imperdonable cómo este equipo, que inició una segunda vuelta de aplauso, se ha dejado ir en los últimos partidos, cuando acariciaba la salvación.

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