Çolak se baja del Dépor en marcha

El turco se ausenta sin permiso del entrenamiento y el club estudia una sanción

Çolak, a la salida de la ciudad deportiva, en una imagen de archivo
Çolak, a la salida de la ciudad deportiva, en una imagen de archivo

Semanas despidiéndose para acabar saliendo por la puerta de atrás. Emre Çolak eligió no desconectar tras el encuentro frente al Extremadura y estirar durante unas horas su frustrante actuación. Sumar una incomparecencia en Abegondo a su incomparecencia en Riazor. La del estadio fue colectiva, disimulada por el deambular común; la de la ciudad deportiva fue captada por los compañeros del diario As. El turco, que ya se había ejercitado alguna vez al margen en las últimas semanas, ni siquiera llegó a acudir a la cita de trabajo de ayer a las 11 para empezar a preparar el duelo del viernes en Anduva, donde su equipo se juega tres puntos cuyo valor trasciende al campo para convertirse en cuestión de club.

En la entidad coruñesa no se recibió aviso alguno por parte del futbolista respecto a las razones de no presentarse a entrenar, ni se contactó con él a lo largo de toda la jornada. Tampoco hay versión oficial respecto a si el jugador depondrá su actitud mañana (hoy hay jornada de descanso) y cuál será la sanción, dado lo inoportuno del momento para semejante acto de rebeldía, aunque antes de nada se espera que acuda a la ciudad deportiva y se disculpe delante de sus compañeros, muy molestos con su actitud, que solo enturbia aún más el entorno del club y vuelve a señalar directamente a los jugadores en esta nefasta temporada.

Aunque Çolak ha demostrado anteriormente carecer del don de la oportunidad. Sus constantes mensajes en redes sociales deslizando que dejará el plantel en cuanto concluya el torneo no merecieron mayor respuesta por parte del técnico que la de reafirmar su interés en seguir empleando al jugador mientras esté a su disposición. «Claro que cuento con él. Será importante para ganar partidos hasta final de temporada», afirmaba Fernando Vázquez justo antes de recibir a la Ponferradina. Una reflexión premonitoria a las puertas de que el mediapunta sellara el triunfo local anotando el que bien puede ser su último gol.

Segunda diana de la campaña, tras aquella con la que dejó marcado su retorno para liquidar al Racing de Santander. Ese duelo frente a los cántabros incluyó también una expulsión tras solo media hora sobre el campo que ya aventuraba las turbulencias de la segunda etapa de Çolak en A Coruña. «Es un jugador, está claro, de otro nivel. Es evidente, fácil de ver. No pertenece a esta categoría y tenemos la fortuna de disfrutar de él», manifestó Vázquez concluida aquella cita.

Fue mucho antes de que el gozo por la presencia del enganche de Estambul empezara a palidecer. «Es un jugador de una categoría impresionante, pero es evidente que su rendimiento no está al nivel de su categoría», reflexionaba el técnico meses más tarde, conjugando de muy distinta manera los términos categoría y nivel. De inmediato encontró el míster un posible motivo para la disparidad entre lo exhibido y el potencial: «Sabemos que es un futbolista que comunica, que llega a la grada, y está claro que esa falta de feedback, como lo noto yo también lo notará él». Pero la orfandad de aliento no alcanza para justificar un incidente mayor como el de faltar al entrenamiento en el momento más delicado en años.

Casos con Garitano y Cristóbal

Tampoco explica la reincidencia del infractor. Porque antes que Vázquez, padecieron sus afrentas Garitano y Cristóbal. El vasco apeó al mediapunta de una cita en Balaídos —«para ir convocado hay que cumplir una serie de requisitos y el que no los cumple a veces no va. No es una decisión del entrenador», advirtió sin desentrañar el misterio—; el cordobés le invitó a abandonar una sesión de trabajo en la que no mostraba implicación. «Te puedes ir, si quieres», le invitó Parralo. Y Çolak, eligió. Se fue. En esta oportunidad, ni siquiera quiso llegar.

Los futbolistas del Deportivo, empeñados en hacer el ridículo

Paulo Alonso

De todos los problemas que sitúan al Deportivo ante uno de los escenarios más penosos de su historia, solo uno no puede encontrar un remedio a tiempo. El timo de la actual plantilla. La deuda, la inestabilidad institucional, las sacudidas como consecuencia de la crisis del coronavirus, la estructura hipertrofiada de la entidad y hasta las amenazas de buitres que siguen merodeando alrededor del club, todos los frentes estaban camino de resolverse gracias a unos últimos meses de vértigo que deben dejar al equipo en Segunda División como mal menor. Pero el penoso deambular de estos futbolistas convencidos en pasar a la historia como los auténticos enterradores de un club centenario no encuentra un final. El esperpento de partido ante el Extremadura debería de haber marcado el momento en el que esta plantilla tocó fondo antes de ofrecer un arreón final de dignidad que salve por lo menos la plaza en la categoría.

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