El galáctico de la Muralla

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GONZALO BARRAL

Bernardo Tapia, el encargado de dirigir mañana al Dépor, es recordado en Lugo como un ídolo tras jugar allí a finales de los ochenta

02 nov 2018 . Actualizado a las 11:37 h.

«Era nuestro galáctico. Un tipo con una personalidad y una calidad enorme en el medio del campo, que luego también ejercía de líder dentro del vestuario». El comentario es de Miguel García, un histórico del Lugo que compartió vestuario con Bernardo Tapia (Tarrasa, 1962), el actual segundo entrenador del Deportivo y que mañana se sentará, por segunda semana consecutiva, como primer técnico en el banquillo blanquiazul por la sanción de Natxo González.

Porque el hoy entrenador es un mito en el fútbol lucense. Solo militó tres años en la escuadra rojiblanca (entre las temporadas 1987-88 y 1989-90). Pero fue tiempo suficiente para que dejara impronta, que todavía perdura.

«Es que tenía una calidad de la leche. Una visión de juego muy completa. Y una pierna izquierda sensacional. Lo ilógico es que un futbolista de ese nivel estuviera jugando en Segunda B», recuerda Eguiguren, otro integrante de aquel plantel.

Bernardo Tapia era un centrocampista de corte ofensivo, que disputó más de cien partidos con la elástica rojiblanca en los que anotó 24 goles. Su único defecto, a juicio de su gran amigo Eguiguren, es su falta de regularidad. Por su carácter, su forma de jugar y su presencia en el campo, el entrenador vasco lo compara con el que fuera ídolo de la afición coruñesa, el difunto José Luis Vara: «Tiene muchas similitudes con José Luis. Dos futbolistas con una calidad enorme, pero que eran como el Guadiana. Capaces de liarla durante siete jornadas, y desaparecer luego tres. En el caso de Bernardo, su estado de ánimo también influía en su rendimiento. Por ejemplo, con Julio Díaz, un tipo que imprimía mucho carácter y era un hacha de guerra en los entrenamientos, se sentía motivado y jugó a un nivel altísimo. Sin embargo, luego llegó Félix Carnero y, ahí como que se dejó ir. No le convencía tanto. Así y todo, seguía siendo enorme su aportación».

Y es que con Julio Díaz tenía Tapia una conexión especial. De hecho, Eguiguren recuerda una bronca del técnico al futbolista, al que trataba de pulir los pequeños defectos que le veía, aspectos que él aceptaba y corregía. «Tenía siempre tantas ganas de balón que corría siempre en dirección a él. Entonces, un día Julio le pegó unos gritos: ‘Bernardo, me cago en... Cuando dejes de ir persiguiendo el balón y vayas en dirección contraria, te vas a hartar de meter goles. Si la pelota va por la izquierda, ábrete a la derecha; y al revés’». Dicho y hecho. Esa fue su mejor temporada anotadora, con 11 goles en la Liga.

Más allá del campo, Bernardo Tapia no era uno más en aquel Lugo de finales de los años ochenta que luchaba, sin éxito, por alcanzar la Segunda División. «Hay que tener en cuenta que era el jugador más lucido de la plantilla. Y, como tal, pues cuando salías a la calle, pues era un reconocimiento constante hacia él. El resto pasábamos más inadvertidos», recuerda el que era central Miguel García.

Es la historia de un hombre con una dilatada carrera profesional, que llegó a jugar en Primera, pero que no tuvo el reconocimiento que su calidad merecía. Tras retirarse en el Terrasa en 1997, se enroló en las categorías inferiores del club hasta llegar a la dirección deportiva. Diez años después conocería a Natxo González, con el que comenzó en el Sant Andreu y continúa a día de hoy en un Dépor al que mañana dirigirá.

«Allí encajé muy bien tanto en el club como en la ciudad»

Más allá de la calidad técnica que todo el que lo vio jugar confirma, los que fueron compañeros de Bernardo Tapia en aquel Lugo, ?hoy en día siguen en contacto gracias a un grupo de wasap? destacan que no solo era calidad, sino también sacrificio. «Había que verlo cuando íbamos a jugar a los campos vascos. No se arrugaba. Con su altura dominaba bien el juego aéreo y si había que arrimar, arrimaba», explica Miguel García.

Es esa entrega en el campo, más allá de sus virtudes futbolísticas, la que cree Bernardo Tapia que lo convirtió en un emblema para la afición: «Era un jugador que siempre se entregaba y eso la afición siempre lo agradeció», explica el técnico blanquiazul.

Y el cariño que esa hinchada procesa hacia él es recíproco. «Pasé unos años maravillosos. Encajé muy bien desde el principio, tanto a nivel futbolístico como de ciudad y con los compañeros. Y eso te permite jugar mejor», recuerda Tapia.

Un cariño de ida y vuelta que ha podido comprobar las veces que regresó para enfrentarse al Lugo ya como entrenador: «Es cierto que mucha de la gente que va hoy al Ángel Carro casi ni habían nacido cuando yo jugaba, pero en cambio sí que los veteranos me recuerdan y me lo dicen. Allí hay todavía gente de mi época como Pedro Tapia o Cabo (el utillero). Y gente mayor, al volver y reconocerme, pues alguna muestra de aprecio tuve», explica un Bernardo que destaca como una de las joyas de aquella etapa el poder haber conocido a Julio Díaz: «Una de las personas de las que más aprendí en mi vida», sentencia.