Los partidos del Deportivo frente a equipos asturianos siempre tuvieron un algo especial, rodeados de un ambiente en el que se disfrutaba ya en las vísperas. En nuestro caso, de manera especial cuando el partido se había jugado en Asturias y el equipo coruñés regresaba a casa con los puntos, derrochando esa alegría que nunca falta en las paradas del regreso a lo largo del trayecto. Cuando no se pierde el regreso es triunfal. Lo que digo no es un cuento sino que me surgió ayer, leyendo en La Voz la crónica de ambiente que escribió Pedro Barreiros. Me situó en El Molinón dando marcha atrás en el recuerdo de épocas vividas más allá de los partidos jugados hace 36 años, según Barreiros señalaba, mencionando a Buyo, Ballesta y Piña, en tanto que por el Sporting los recuerdos iban para Maceda y Quini a quienes, solo con nombrarlos hacen recordar una época espléndida del fútbol asturiano. No seríamos justos si, hablando de Asturias olvidáramos a nombres ilustres del Real Oviedo entre los que Lángara, Herrerita y Emilín les hacen figurar en pedestales de honor.
Ir con el Deportivo a campos asturianos aseguraba un ambiente especial para los coruñeses. Tras la obligada parada en Vilalba, estaba la de comer en Otur «porque en Casa Consuelo se comen las mejores fabes con almejas». Ya en Gijón, y digo Gijón porque allí se jugará hoy, la espera por la hora del partido resultó siempre presidida por el optimismo coruñés, confiando en ganar. Pero, ojo: el optimismo ayuda pero no basta para ganar.