La filosofía de Merlí


Cuando de pronto entras en casa y tus niños de 10 años te empiezan a preguntar por Platón, por Aristóteles o por los Peripatéticos no es que se hayan vuelto locos ni que lo estén pasando mal por dejar el Fortnite. La Filosofía ha entrado en sus vidas por ese único lado en que no creerías que lo haría: la televisión. La serie catalana Merlí, que ahora ha ganado otra vida en Netflix, ha conseguido de pronto enganchar no solo a los adolescentes que buscan respuestas en ese profesor guay, sino a críos más pequeños que tienen interés. Interés por esas cuestiones que la ficción les plantea de una manera mucho más atractiva y cercana para ellos. Así que de repente te ves metida en la caverna intentando estar a la altura de ese tipo irreverente, crítico, imprudente y algo faltón que interpreta Francesc Orella. Gracias a ese profe de Filosofía que conecta con el público más joven, se debaten en muchas casas ahora problemas del día que, si los chavales no los han sufrido en su piel, se les pueden plantear en cualquier momento en el colegio. Ese es el otro gran acierto de Merlí, que no pasa de puntillas por ninguna de las dificultades que se generan en las aulas ni en las familias. Los ojos de todos esos chicos inquietos encuentran un reflejo en esta ficción que es toda una lección de vida. También para esos padres que quieran recuperar las mejores clases de Filosofía.

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